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Cigala News, Tortuga
24 setiembre, 1 y 10 octubre 2012

¿Son públicos los servicios públicos?

Sábado 13 de octubre de 2012, por Redacción

- Transcribimos, literalmente, el análisis sobre los servicios ’públicos’ -y asimismo recogemos, en documento adjunto, las reflexiones conexas ("No nos parece bien la defensa del ’estado de bienestar’"; "Objeción Fiscal al Gasto Militar e Insumisión Fiscal de forma segura"; "¿Qué son los Servicios Públicos?")-, su realidad, su cuestionamiento y pese a ello su defensa ante la crisis actual, recientemente editado por Tortuga, colectivo antimilitarista de Elx (Alacant).

¿Son públicos los servicios públicos? (1ª parte)

El término "público" significa que algo está disponible, abierto a cualquiera que lo quiera utilizar. Por ejemplo un parking, un taxi o un bar. El pagar o dejar de hacerlo no tiene gran cosa que ver con el concepto. Hay servicios "públicos" de pago, como ir al cine, y servicios "públicos" gratuítos, como pasear por un parque. Aunque, como veremos, ni siquiera estos últimos son gratuítos, ya que se nos hace pagar por ellos de otras formas muy ingeniosas. Pero ese no es el tema ahora.

En esa acepción, "público" sería lo opuesto a algo que sólo está disponible para determinadas personas, como una sociedad gastronómica en Irún, la admisión al grupo de compis que quedamos a jugar al sarangollo o al mus o el domicilio de mi amigo Toni, por ejemplo. Todo eso sería "privado".

Pero cuando se habla de servicios estatales como la educación, la enseñanza y cosas de este tipo todo el mundo entendemos "público" en otra acepción: "lo que es de todos y por tanto también nuestro" en contraposición de "lo que solo es de unas pocas personas, y por tanto ajeno".

En conversaciones que tengo por aquí y por allá repito siempre el mismo mantra ante gestos y respuestas de incredulidad, a saber. Los servicios en manos del estado cumplen en todo la segunda de las definiciones: solo son de unas pocas personas, y por lo tanto son ajenos, son privados y, desde luego, no son públicos.

Porque para que algo fuera "de todos", fuera público, fuera "del pueblo" en definitiva, todas y todos deberíamos pinchar y cortar en pie de igualdad a la hora de decidir cómo y cuando se implementa, cómo se financia y cómo se gestiona. Cosa que, lo queramos ver como lo queramos ver, no ocurre.

Algunas personas me dicen que todas esas decisiones de alguna forma las estamos tomando todos nosotros a través de los representantes que hemos elegido libremente en las urnas. Opinión que me esfuerzo por respetar aunque creo que, más allá de las consideraciones que cabrían hacerse sobre la representatividad de los gobernantes o del tipo de libertad de conciencia en la que se va a votar, muy pocas personas se creerán en serio tan forzado argumento. No hay más que ver qué tipo de decisiones toman con respecto a estos servicios los supuestos representantes del pueblo y cotejar a ver si se parecen en algo a lo que sería voluntad mayoritaria. Otra cosa será que la gente no imagine otra posibilidad y asuma esta creencia que en mi opinión es tan falsa como moneda de plástico, como mal menor o como circunstancia inexorable. También hay quien le tiene fe a la posibilidad de que esos representantes merced a un vuelco electoral o a la presión de muchos y constantes manifestantes terminen por administrar esos servicios de la forma que el pueblo quiere y no según los dictados de los poderes económicos que les tienen perpetuamente sobornados y trabajando a sus órdenes. También trato de respetar esta fe, pero no veáis lo que me cuesta.

En tiempos en los que la memoria se pierde, algunos sindicatos en este estado habían organizado para sus afiliados, los cuales en total podían ser como un millón y medio de personas, escuelas para sus hijos y para ellos mismos, dispensarios médicos y fondos de previsión para accidentes laborales, enfermedades y jubilaciones. Entre otras cosas. Aquellos servicios sí se decidían y gobernaban de forma generalmente participativa y asamblearia y por ello eran intachablemente "públicos", del pueblo. Hay quienes defienden como "conquistas sociales" producto de nosequé luchas el hecho de que aquellos servicios dejaran de gestionarse por las organizaciones populares y pasaran a estar detentados por el estado. Al margen de lo incorrecto de tal análisis histórico no vendría mal pararse simplemente a cotejar aquello de entonces con esto de ahora a ver si lo acabamos viendo más como conquista o más como pérdida.

Pero la cosa aún tiene un grado mayor de maquiavelismo. Como vengo diciendo, la gente, el pueblo ni pincha ni corta a la hora de decidir nada sobre estos servicios en manos del estado. Pero sí participa de una forma (además de como usuario): pagando. Porque hay almas de cántaro que consideran estos servicios como una forma de beneficiencia, como un regalo que nos hace el poder, nuestros gobernantes, y desconocen que todos y cada uno de los servicios recibidos se pagan y a base de bien. Por ejemplo cada vez que uno compra una barra de pan, le echa gasolina a su vehículo (más del 50% son impuestos) o enciende una bombilla. Incluso yendo a trabajar se está pagando. Evidentemente no se abona por cada servico concreto recibido, como cuando uno va al dentista de pago. Se paga poco a poco y a lo largo de todo el año mediante sistemas de pago/cobro como el IRPF, el IVA, los impuestos especiales, la cotización de la seguridad social, los impuestos urbanos, el IBI, las zonas azules, algunas tasas que tienen algunos de estos servicios e incluso las multas que nos ponen. Podemos considerar otra forma de pago de estos servicios, porque de alguna manera contribuye a engordar las arcas del estado o de sus amigos empresarios, el pago abusivo permitido o potenciado por las autoridades de algunos productos, como la electricidad o las autopistas. Todos estos cobros son una especie de tarifa plana que todos pagamos al estado, unos más que otros, pero cada cual lo máximo que el estado es capaz de exaccionarle, a cambio de disfrutar de una serie de servicios.

Por eso viene a ser una especie de broma de mal gusto que el propio estado nos recorte algunos de esos servicios y nos obligue a volver a pagar por ellos a empresas particulares (el famoso copago) al tiempo que no solo no nos disminuye el precio de la tarifa plana, sino que incluso la aumenta. O sea, que pagamos aún más por menos.

En cualquier caso hay un par de cosas claras. Por un lado la gente, nosotros, el pueblo tampoco podemos decidir si queremos pagar o no por esos servicios y cuánto queremos pagar por ellos. Podría darse el caso de que yo no deseara que a mi hijo le enseñaran una serie de cosas en la escuela del estado -entre otras la asignatura esa de educación para la ciudadanía que dice que el rey es muy majo, que esto es una democracia y que nuestro ejército está para promover la paz- y decidiera inscribirlo a una escuela alternativa que hubiéramos montado entre los vecinos. ¿Me devolvería el estado la parte de mi tarifa que corresponde al servicio que no voy a utilizar? Nones. A cualquier empresa privada a la que tú no le contratas un servicio no tienes que pagarle, pero a esta sí, lo uses o no. De tal forma que si quiero que mi hijo acuda a la escuela vecinal debo volver a pagar por el mismo servicio. Tal cosa estará al alcance de los ricos, que se pueden permitir llevar a sus hijos a centros educativos de otras empresas distintas al estado y pagar dos veces, pero no al alcance de Cigala News que es pobre como una rata. O sea que a tragar con la educación de la empresa estatal. Y cuidado con no hacerlo, que es de carácter obligatorio, y hay amenaza de retirada de la custodia. Por el bien del niño nos dicen para más cachondeo.

La otra cosa clara es la del precio. La tarifa plana que pagamos incluye muchos servicios que son deseables e incluso más que necesarios: educación, sanidad, alumbrado, pensiones, recogida de basuras, abasto de agua potable, qué se yo. Pero con ese dinero que son ellos y no nosotros -recordemos- quienes deciden que hay que pagarlo y en qué cantidad y desarrollan mecanismos violentos y extorsionantes para reclamarlo cual si fueran la mismísima camorra, se pagan también otras cosas. La policía, el ejército, la recaudación de impuestos... También toda la burocracia del aparato estatal con todos sus políticos, jueces, altos cargos, viviendo a cuerpo de rey y enchufándose comisión tras comisión a sus bolsillos. Pero mucho más grave; una parte muy grande del dinero que pagamos por los servicios que nos molan y por los que no nos molan va a parar directamente a los bancos. Ello se hace mediante el perverso mecanismo de la deuda también e irónicamente llamada "pública" (esta sí que lo es porque la pagamos nosotros y no ellos) y en el colmo del morro, con subvenciones directas, llamadas rescates, a la banca. Baste imaginar que la decisión, gestión y financiación de los servicios que se juzguen necesarios va a estar en manos de la gente y no de la pequeña minoría que los posee hoy, para, con unas pequeñas operaciones de cálculo mental, darse cuenta de que es posible ahorrar quizá más de un 50% del dinero. Y por lo tanto es posible tener unos servicios el doble de mejores, y cien por cien democráticos lo cual, esto último, no tiene precio.

¿Entonces estar en las movilizaciones para la defensa de los actuales servicios públicos es defender al estado, y por lo tanto al capitalismo?

Pues sí y no. Pero eso lo dejo para la segunda parte, que ya me estoy enrollando mucho.

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¿Son públicos los servicios públicos? (2ª parte)

En la primera parte quedó afirmado que si por público entendemos "de todos y todas", dichos servicios no lo son.

Y seguimos.

Para muchas personas el estado es un ente benefactor logrado tras miles de años de evolución humana. Aunque, que yo sepa, nadie piensa que algún estado en la Historia haya logrado la pura perfección, éstas personas entienden nuestros actuales estados occidentales como una institución absolutamente necesaria para evitar una especie de caos o de jungla salvaje. Así el estado español en concreto es comprendido por la gente de la que hablo como una instancia que garantiza nuestros derechos y libertades y que ordena la conviviencia en forma democrática y para el bien común. Al fin y al cabo esta teoría es más o menos la que se enseña en nuestro sistema escolar.

El sistema económico capitalista es asimismo para la gran mayoría de personas de las que estoy hablando ahora, la mejor forma posible de organizar la economía. Con sus muchos fallos, injusticias y consecuencias indeseables, sin duda, pero el menos malo de los que se podrían tener.

Pues bien, si ud. es de las personas que así piensan o parecido ya le digo que no va a estar de acuerdo con casi nada lo que va a decirse a continuación, que seguramente le resultará aburrido y quizá ridículo. Qué se le va a hacer. Porque aquí trato de hablar para personas que como mínimo entienden que el capitalismo es una forma económica y social indeseable que debe ser superado mejor hoy que mañana por algo más humano y racional. Personas que se hacen la misma pregunta que yo: ¿Qué podemos hacer para cambiar de verdad esta sociedad?, y que por ello, en este tiempo de crisis y recortes, se devanan los sesos tratando de encontrar las acciones que mejor puedan ayudar a conseguirlo.

En el grupo que edita esta página, además y según tengo entendido, es idea muy extendida la de que la institución del estado es indisociable del poder económico, capitalista en nuestro caso, y que aquél (el estado) es herramienta de éste (el capitalismo) para controlar a la población y asegurar el proceso de acumulación de riqueza en pocas manos, que es el objetivo final de todo el tinglado.

Por eso el anterior artículo concluía con una frase que dejaba todo en el aire: ¿Entonces estar en las movilizaciones para la defensa de los actuales servicios públicos es defender al estado, y por lo tanto al capitalismo? Y se respondía: Pues sí y no. Y vamos ahora a tratar de explicar porqué.

Pues resulta que en esta cuestión de los servicios llamémosles "estatales" casi todo, aunque la pueda también tener buena, contiene su parte mala. Si las pocas personas que tenemos inquietudes verdaderas de cambiar significativamente las cosas gastamos todos nuestros esfuerzos en que las cosas queden como están, o como venían estando hasta hace un par de años... Es decir, y refiriéndonos al tema en liza, que los servicios estatales no se recorten y tampoco se privaticen, pues resulta que no solo no estamos cambiando nada sino que además estamos consolidando un determinado status quo. Lo queramos o no, sea o no esa nuestra intención, se asienta y legitima la propiedad de esos servicios, no por parte del pueblo sino por parte de las personas que a su vez se apropian del estado y que, como decía en el artículo anterior, están a sueldo del dinero. Y con ello se afianza la opresión a todos los niveles, porque si se legitima la autoridad para unas cosas también se la legitima para otras. Al final todo viene a estar relacionado. Si le das más poder al poder, más duro te van a venir a coger, cantaba Molotov.

Hay quien me señala que los servicios que utilizamos y que son propiedad del estado vienen a ser una forma complementaria de recibir el pago a nuestro trabajo asalariado. Es decir, por nuestro esfuerzo recibimos una parte del salario en dinero y la otra en forma de acceso a esos servicios. La idea me parece que tiene sentido aunque requeriría análisis más minuciosos. De hecho es una tesis que abunda en la teoría de que estado y capital son la misma cosa. Démosla por válida sin más para poder seguir avanzando. Según esta idea, luchar para que no se recorte uno de estos servicios viene a ser lo mismo que luchar para que en la empresa a una no le bajen el sueldo.

Lo que digo en tal caso es que si todas nuestras luchas consisten en que no nos bajen el sueldo sin cuestionar quién debe ser el propietario de los medios de producción y los servicios, pues resulta que, como ya decía antes, son luchas que no solo que no aspiran a cambiar el orden social sino que contribuyen a consolidarlo. Y para decir eso me baso en la experiencia histórica del obrerismo desde finales del siglo XIX en tiempos de Kautsky y Bernstein (los artífices de que uno de los más potentes movimientos proletarios revolucionarios de la Historia haya acabado siendo el actual SPD, una especie de PSOE alemán), o en la experiencia del obrerismo occidental a partir de los años 60, con todo eso del eurocomunismo y demás, movimientos ya solo enfocados a obtener mejoras parciales y no cambios radicales de modelo..

Pedir que los servicios básicos sigan en manos del estado y no de una empresa es lo mismo que pedir que la propiedad de la empresa en la que trabajamos siga en manos del jefe de toda la vida y no de otro distinto que la quiere comprar. Pedir que los servicios básicos en manos del estado no se recorten es lo mismo que pedir que la empresa donde trabajamos y que es del jefe nos mantenga los salarios y no nos los recorte en tiempos de menores beneficios. Legítimo si se quiere pero nada cuestionador del cómo son las cosas y en absoluto transformador. Con reivindicaciones de este cariz los servicios básicos así como los medios de producción siempre van a estar en las mismas manos: en las de ellos. Y nosotros, asalariados en lo económico y gobernados en lo político, siempre vamos a estar a las expensas de lo que ellos decidan. Creo que la situación que vivimos en estos últimos años es bien elocuente de hasta qué punto son ellos y no nosotros quienes abren y cierran la mano según les conviene en absolutamente todo.

Una buena parte de la izquierda está en este discurso y en esta práctica anti recortes y anti privatizaciones y, en el caso que me parece más incongruente, su bandera declarada es "la defensa del estado de bienestar". Por ejemplo hace no mucho se hablaba con unción de "la revolución islandesa", un episodio de defensa más o menos exitosa del modelo estado de bienestar en uno de los países más ricos del planeta. No me consta si por parte de esta "izquierda" hay olvido o adhesión hacia la realidad de que el estado de bienestar que se desea defender es capitalismo puro, además más bien consumista, poco o nada ecológico, menos ético todavía y estatalista hasta la médula, lo cual le vacía plenamente de cualquier vestigio de democracia si entendemos ésta como la capacidad de cada persona de participar directa y vinculantemente en la decisión de aquellas cosas que le afectan.

Pero ...

Pero por otra parte es una verdad como un templo que las personas de esta sociedad consideramos que algunas cosas nos son de necesidad básica para garantizar una vida digna, por muy decrecentista y austera que queramos que ésta sea. Poca gente considerará superfluo poder ser usuaria de un sistema de salud, o de un sistema de instrucción de la infancia, o de que haya vías de comunicación y cosas por el estilo. Y hasta los más furibundos anarquistas y antiindustrialistas que no desean colaborar en nada con el sistema para, entre otras cosas, no hacerlo más fuerte, entenderán que puede ser preferible, aunque sea de forma provisional y transitoria, disfrutar de estas cosas por muy en manos del estado o de cualquier otra empresa privada que estén a no disfrutarlas en absoluto.

Volviendo al tema de la primera entrega, no pasaría nada si el estado cierra o privatiza un determinado servicio, siempre y cuando nos devolviera religiosamente la parte proporcional de nuestros impuestos que financian ese servicio. Con ese dinero podríamos tener ese mismo servicio pagando a otra empresa tal como hacíamos con el estado. Mucho mejor si lo autoorganizamos. Es como si nos cierran el bar de toda la vida. Podemos ir a seguir tomando el café y leyendo el periódico a cualquier otro de las cercanías y pagando el mismo o similar precio. El problema es que el estado nos cierra el bar pero nos sigue cobrando cada día el café (además nos lo cobra al doble de su precio), con lo cual nos quedamos sin dinero, sin café, sin periódico y nos hacemos un poco más pobres cada día que pasa.

Cualquier propuesta encaminada a que los servicios básicos acaben por estar gestionados democráticamente por sus trabajadores y usuarios en lugar de por empresas privadas con afán de lucro entre las que enumero al estado, si es que es posible, llevará su tiempo el ponerla en marcha. Mientras tanto no podemos quedarnos sin quirófanos, sin camiones de la basura y sin controladores aéreos.

Conclusión. ¿Es legítimo luchar para que no deje de existir o de estar al alcance de todos un servicio básico, aunque su gestión esté en manos crápulas? Sí. ¿Si se lucha para que dicho servicio quede como está y en las mismas manos se está fortaleciendo al capital y al estado? Sí ¿Hay alguna forma de salir de este círculo vicioso? Sí.

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¿Son públicos los servicios públicos? (3ª parte, y última)

Donde se dan algunas alternativas y/o complementos al activismo en defensa de los servicios propiedad del estado.

Antes de seguir es necesaria la lectura de las dos entregas anteriores:

Prosigamos pues explicando cuál puede ser la fórmula que nos saque de ese círculo. Son dos los medios: la autogestión y la recuperación de lo existente. Comencemos por lo segundo.

La recuperación de lo existente

Como venimos diciendo no se trata de destruir los actuales servicios en manos estatales o empresariales, ni de que nos de igual quedarnos sin poder acceder a ellos. Necesitamos hoy para garantizar unos mínimos de vida digna medios sanitarios, educativos, servicios básicos y algunas cosas más que si no se nos ofrecieran en la forma en la que hoy se nos ofrecen no podrían ser sustituídos por nuestra iniciativa y esfuerzo. Al menos en un corto plazo. Es lamentable, pero es la situación en la que hemos venido a dar.

Sin embargo vemos injusto y causa de grandes males que la propiedad de esos servicios esté en manos de las personas que gobiernan el sistema, sea en su vertiente económica o en su vertiente política-estatal, que como ya quedó dicho, son una única realidad. Así pues cabe deducir que el objetivo a perseguir por quienes queremos un cambio radical en la sociedad, lejos de consolidar la situación actual o la que había hace cinco años, debería ser el de desalojar a los usurpadores y recuperar la gestión directa de todos estos servicios para el pueblo, el cual es además quien los financia con su esfuerzo productivo, como ya quedó dicho.

Que sean las personas usuarias (que además son las paganas) y las trabajadoras de cada servicio quienes lo diseñen, orienten y administren frente a los actuales delegados de la dictadura política y del capital debería ser el objetivo a pretender, la línea a seguir de toda lucha o movilización.

Como ya quedó también apuntado en las anteriores entregas, no hay camino para lograr tal objetivo en la actual vía electoral, la cual ni es ni puede ser democrática y mientras exista siempre va a estar instrumentalizada y al servicio del poder. Tampoco creemos que se den condiciones para una conquista violenta del poder estatal y económico por algún remedo de vanguardia insurgente. Y si tal cosa sucediera nos resultaría indeseable por numerosas razones que no me voy a detener a explicar aquí.

El cambio habría de ser a niveles más pequeños y en secuencias de tiempo largas. Es posible que sea complejo lograr la gestión popular, pública de verdad y sin político alguno que intervenga, de un gran hospital. Más difícil la de toda la sanidad de una región o un estado. Pero sí cabe imaginar para ya que la gente toma el control del centro de salud de un barrio, o de un colegio, o de un pequeño servicio local de bomberos. Y detrás de un paso viene el siguiente. Todo camino se hace andando y paso a paso.

¿De qué manera hacerlo? Sin violencia desde luego. Con unidad y decisión de la gente y una lucha que genere la suficiente presión para lograr el objetivo. Con desobediencia civil, con acción directa, con sabotajes y boicots, con huelgas de profesionales y usuarios y con la negativa a pagar impuestos. Con más razón esto último. Ya que el estado recorta, pues yo pago menos o no le pago en absoluto y con el dinero ahorrado nos hacemos cargo de mantener la parte del servicio que se quería recortar, eso sí, gestionada por nosotras.

Incluso me cabe imaginar -si no es posible ir más deprisa- pasos, puntos intermedios a conseguir e incluso a pactar con el poder político. Por ejemplo, ya que nos hacéis pagar dos veces por determinado servicio con el famoso "copago", pues a cambio exigimos la "cogestión" del servicio en cuestión, con asambleas de profesionales y usuarios que decidan de forma vinculante junto con los usurpadores estatales o empresariales. Menos da una piedra y por algo se empieza.

¿Y si la gente mayoritariamente no quiere cambios radicales en la sociedad y solo lucha -la parte que lucha- por mantener el estado de bienestar? Pues entonces nuestra primera tarea será tratar de cambiar esas mentalidades. Porque ni es ético ni lógico forzar cambios sociales siendo una minoría, ni tampoco parece una opción coherente y positiva el adaptar lo que uno piensa y vive al cómo lo hace la mayoría por puro pragmatismo egoísta o cobardía.

Sinceramente creo en la completa viabilidad de esta propuesta. Ya se sabe que querer es poder. Si todo el actual esfuerzo de protestas en la calle, manifestaciones sectoriales o globales, huelgas parciales o generales, incluso esfuerzos ciudadanistas de profundización democrática como el 15M apostaran preferentemente por esta vía, el camino que podría recorrerse sería mucho y bueno, y los espacios y servicios que se le podrían recuperar al poder significativos.No creo que haga falta explicar los beneficios en forma de extensión de la democracia, la libertad, la justicia, la corresponsabilidad etc. que de ello podrían resultar.

Por supuesto nadie dice que todo esto se vaya a poder hacer así sin más. Las cosas cuestan esfuerzo, y las transformaciones importantes no se consiguen sin luchar. Requieren desinterés y generosidad, mucho sacrificio y extremada paciencia. Habrá que aguantar unidos represión y cárcel quizá en algunos casos. Pero al fin y al cabo eso crea o regenera los lazos comunitarios y de apoyo mutuo en que debería basarse toda sociedad que aspire a mejorar ésta que tenemos.

La autogestión

La otra vía, que no tiene porqué estar en contradicción con la anterior y de hecho le es complementaria, sería la de la autogestión.

Mucho mejor y más útil ahorrar los ingentes esfuerzos que se han de invetir en confrontaciones con un enemigo poderoso y dedicarlos a la tranquila construcción en positivo de realidades alternativas.

Poco a poco se hace el camino, como decimos, y toda piedra hace pared. Cualquier necesidad básica que logremos cubrir fuera del sistema será una victoria y un enorme paso hacia la revolución. Si somos capaces de obtener por nuestros medios alimento, vivienda, vestido y no muchas cosas más, nos habremos liberado de la que quizá es la peor cadena con la que el sistema nos esclaviza y vuelve sus marionetas: el trabajo asalariado. Pero si además vamos logrando, aunque sea organizados en grupos pequeños, autonomía a la hora de dar educación a nuestros hijos e hijas, a la hora de acudir al médico, a la hora de construir los caminos por donde transitamos, de obtener nuestra propia energía, fondos de previsión para enfermedades y vejez y un largo etcétera, estaremos acabando con el estado y con "los mercados" a base de hacerlos inútiles e inoperantes. Y además estaremos construyendo una nueva sociedad basada en principios y realidades que funcionan y que ya son radicalmente mejores que los del sistema. Personalmente estoy convencido de que la vivencia y plasmación sobre el terreno de estas experiencias tiene más capacidad de dar que pensar a la gente, transformar conciencias y sumar nuevos participantes que millones de escritos encendidos, páginas web llenas de contrainformación o manifestaciones multitudinarias.

Dice el amigo Acratosaurio en su artículo "¿Qué son los Servicios Públicos?":

"¿Alternativas a la gestión estatal? Una manera que hay de hacerle sombra al Estado en este terreno, es presentando mejores servicios que él. Fíjate. Buena parte del éxito del Islam y del cristianismo en las últimas décadas, se debe al trabajo de base que realizan los sectarios, y a que se implantan allí donde el Estado se retira o no llega, poniendo sus viscosas telarañas al servicio del público.

Triste es que unos clérigos irracionales demuestren que no es el Estado el que impide que se organice otra opción, sino la ineptitud de los disidentes que abogan por la autogestión, la descentralización, la solidaridad y el esfuerzo común, para llevar a cabo lo que planean. Por eso, fórmate, cultiva tu don y lucha por engrandecer lo colectivo. Porque uno no es lo que piensa, ni lo que dice, ni lo que sueña, sino lo que hace."

Por ahí van las cosas.

Tortuga

(13 de octubre de 2012)