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Jose Mari Esparza Zabalegi, Editor
22 junio 2011
16 febrero 2011

Partido Socialista de Navarra o seguir en la goitibehera / Ahí se queda Lerín

Jueves 23 de junio de 2011, por Redacción

Aprovechamos el último escrito de Jose Mari Esparza Zabalegi ---PSN o seguir en la goitibehera--- para editar también otro anterior (Ahí se queda Lerín) cuya publicación fue posponiéndose. Entendemos que, pese a los 4 meses transcurridos, no ha perdido vigencia. Sigue siendo una de las varias y posibles interpretaciones sobre la evolución y desarrollo más recientes de la izquierda abertzale, a la vez que un análisis de la presente coyuntura. Y editamos el texto de febrero de este año con la documentación anexa que en su momento se había ya preparado. Únicamente cabe hacer la salvedad de que, a mediados de ese mes de febrero, el número de detenciones en Euskal Herria en 2011 era de 29; y a fecha de 21 de junio de 2011, en cambio, esa cifra ascendía a 59 personas detenidas por motivos políticos; es decir, 30 detenciones más, en ausencia total de actividad armada (terrorismo, si así lo disponen el estado, sus leyes y voceros) por parte de ETA y cuando la organización armada (terrorista, ídem) ha explicitado en varios comunicados su plena disposición al definitivo abandono de su accionar. Es evidente que, como no cesa de proclamar el ministro del ramo y de momento vicepresidente del gobierno español, D. Alfredo Pérez Rubalcaba, el estado no está en tregua.

Estuve pensativo en la constitución del nuevo Ayuntamiento de Tafalla, mientras los seis concejales de Bildu no podían convencer a los tres concejales del PSOE (el menor número de toda su historia) para negociar un Ayuntamiento progresista. Entre estos tres había un joven de apellido Cabrero, y recordé que su bisabuelo, Antonio Cabrero, fue alcalde de Pitillas cuando triunfó la izquierda en febrero de 1936. Tras la victoria, el Frente Popular Navarro sacó un manifiesto pidiendo la integración inmediata de Navarra al Estatuto Vasco, con el fin de sumar fuerzas progresistas y no dejar a Navarra sola, en manos del caciquismo. Lo firmaban el PSOE, UGT, Juventudes Socialistas, ANV, los comunistas la izquierda republicana … Un mes más tarde, Antonio Cabrero y muchos de los firmantes del manifiesto morían fusilados. Cuarenta años más tarde, su hijo Valentín, concejal socialista, colocaba la ikurriña en el Ayuntamiento de Tafalla, en medio del delirio popular. “Ha sido el día mas feliz de mi vida” solía recordar. Había mantenido firme el hilo de la memoria.

Cinco años después, abril de 1981, en medio de la resaca regresiva del Tejerazo, el PSOE decidió dar un vuelco a su política territorial. Aunque seguía reconociendo que Navarra formaba parte de Euskal Herria, rechazó un estatuto vasco común. Para ello, Urralburu, Arbeloa y otros dirigentes mintieron de forma burda ante los delegados del partido, diciendo que el PSOE, en la República, había sido contrario al Estatuto Vasco y que adoptando esa postura “hemos vuelto al planteamiento del 1936”. No sé si los representantes de pueblos como Cortes, Peralta o Ribaforada, que defendieron seguir dentro del Partido Socialista de Euskadi, sabían exactamente qué había hecho el partido en 1936, pero Urralburu, y mucho más ese truhán de la Historia que es Víctor Manuel Arbeloa, lo sabían de sobra. Sabían cómo pensaron líderes históricos como Constantino Salinas o Salvador Goñi. Sabían de la actitud inequívoca del Frente Popular Navarro, del exilio socialista posterior … Simplemente dijeron lo contrario. Rompieron el hilo. Fue la primera corrupción.

Una vez que se dejaron deslizar con la goitibehera de la indecencia, la cúpula del PSOE navarro se fue haciendo más corrupta y a la vez, como un destino inseparable, más antivasca: las grandes contratas, la guerra sucia o las cuentas suizas perdieron a Malón, Urralburu, Roldán, Otano. Otros muchos se salvaron por los pelos. Cuando, con el Tripartito de Alli, el PSOE intentó recuperar la senda del acercamiento entre vascos, vía Órgano Común Permanente, ya estaban tan podridos que la derecha los mandó al ostracismo de un solo zartako. Desde entonces no han levantado la cabeza. Paradojas, un nieto del fusilado Antonio Cabrero, presidió una UGT de prácticas más que sospechosas, válida solo para enchufarse en las fábricas, al tiempo que repetía la letanía de moda: “Euskal Herria es una entelequia”. Corrupción y antivasquismo, inseparables.

Hace cuatro años, Madrid obligó al PSN a rechazar la presidencia del Gobierno de Navarra y de muchos ayuntamientos, en favor de UPN. Algunos decentes, abochornados, intentaron impedirlo. Unos fueron marginados, otros, simplemente, se fueron. Para consumar el disparate pusieron al frente al de menos luces y más experiencia en goitibeheras. Por ejemplo, Roberto Jiménez todavía no ha explicado cómo pudo privatizar una empresa de transportes siendo concejal de Iruña y acto seguido colocarse de “asesor” en dicha empresa. “Es que ya ha dejado de ser concejal”, explicó en su día un portavoz del PSOE. Y a los pocos meses, Jiménez presidía el partido.

Los votantes han dado de nuevo la espalda al PSOE. Desaparecidos en la Montaña, menguan en Iruñea y Zona Media, mientras UPN les sigue arrebatando su feudo ribero porque, perdidas las referencias éticas, mucha gente prefiere el original a la fotocopia. Los pocos socialistas que quedan saben que un nuevo pacto con UPN será letal, pero Jiménez sigue sin frenos en la goitibehera, agarrado a sus 100.000 euros anuales, y los que le lloverán por convertir al PSN en el perrico faldero de UPN. Dada la tendencia actual, difícilmente recuperarán el Gobierno o los ayuntamientos, sin pactar con los abertzales.

Y sin embargo, pensaba el otro día en mi Ayuntamiento, sería muy sencillo: bastaría que el joven Cabrero, que acabó posibilitando la alcaldía tafallesa a UPN, mirara más a su bisabuelo Antonio, muerto por unos ideales, que al Roberto, vividor a costa de los mismos. Porque aunque los dos sean de Pitillas, uno es la antítesis del otro. Bastaría que imitaran a los concejales socialistas de Tafalla, que siempre votaron a favor del Estatuto Vasco; que repasaran las palabras del Presidente de su partido en la Asamblea de 1932, el acuerdo del Frente Popular de 1936, las posturas del exilio socialista o las mismas actas del PSOE navarro hasta 1981. Bajarse en definitiva de esa goitibehera de degradación ideológica, que lleva al medro de unos pocos, al hundimiento de los más y a retrasar torpemente el triunfo inevitable de un Frente Popular, o como lo llamemos, que, como dijo el poeta, nos juntará de nuevo en una sola gavilla esperanzada.

(imagen: El clamor por la legalización de Sortu abarrota las calles de Bilbo, Gara, 20 febrero 2011).

Ahí se queda Lerín

¿Qué pasa con la izquierda abertzale? ¿Se ha bajado los pantalones? ¿Van a expulsar del nuevo partido a los que aplaudan al Che, a Mandela, a Martí y a tanto amigo armado? ¿Es el primer paso para parecerse a los demás? Algunos militantes veteranos andan sorprendidos con Sortu, y muchos amigos de fuera de Euskal Herria nos hacen preguntas inquietas. Otros, más maliciosos, esbozan sonrisas satisfechas y dicen "ese camino ya lo iniciamos otros hace diez años …". Para todos ellos van estas reflexiones.

- Desde la Alternativa Democrática de 1995, la izquierda abertzale y ETA estaban intentando llevar el conflicto vasco al estricto terreno de la consulta democrática a la ciudadanía vasca. Aquél fue el primer gran paso estratégico. La evolución del mundo ha reforzado esa idea: el parto de 19 nuevas naciones europeas; el atentado de Nueva York y sus secuelas antiterroristas; el espacio policial europeo; el fin de los ciclos armados en otros lugares; el éxito electoral de las izquierdas latinoamericanas …

- No son menos relevantes los cambios en la sociedad vasca, fruto en buena parte de la lucha y tensión anterior: la ruta independentista de la mayoría sindical vasca [1] [2]; la actitud de partidos como Eusko Alkartasuna [3]; el fenómeno, antes impensable, del Plan Ibarretxe … [4] Y frente a todo esto, la radicalización de un españolismo que, como hizo en Cuba, ha recurrido al extremo de unirse (liberales y conservadores entonces, PSOE y PP hoy día) para mantener el control de las últimas colonias. Si la derecha y el PSOE necesitan juntarse para gobernarnos, y además con trampas electorales, es el principio de su fin. ¿Que la actividad armada estaba dando recursos al Estado, arrinconaba a la izquierda abertzale y dificultaba las mayorías abertzales y progresistas? Pues se abandona Lerín y punto.

Los vascos y su lengua han sobrevivido los últimos milenios por su capacidad de resistencia y de adaptación. Atrapado entre grandes potencias, todo pueblo pequeño es guerrillero. Ante Carlomagno no pudimos defender Iruña; así que le esperamos en Orreaga donde le hicimos trizas. Si en algo insisten todos los viajeros decimonónicos es en la capacidad guerrillera y en el valor de los vasconavarros. Sin embargo, se sorprendían de que no tenían sentido del honor al uso de las milicias profesionales. En 1837, el inglés Richard Ford decía que una gente tan belicosa "no considerara vergonzoso volver la espalda y correr cuando una intentona fracasaba, ni tampoco encontraban que fuese deshonrosa cualquier injusta ventaja". Ese principialismo estético, útil para los poderosos, es letal para los pequeños. Scott, en su libro Los dominados y el arte de la resistencia, (Txalaparta, 1990) lo explica muy bien.

En la última guerra carlista, el Ejército español metió en las cuatro provincias 160.000 hombres, el mayor contingente de su historia, para "expurgar el rincón que faltaba y acabar la unidad española". Uno a uno fueron cayendo los pueblos vascos. Aguantaron lo que pudieron y de alguno quedó una copla:

Si vienen mil, quietos en Lerín

Si vienen mil quinientos, en Lerín quietos

Y si vienen dos mil, ahí se queda Lerín.

Ya les esperarían luego en un Orreaga cualquiera. Tras aquella guerra, perdimos los Fueros pero surgió el abertzalismo. Una nueva trinchera, una nueva expresión de la resistencia.

De Lerín ha salido la izquierda abertzale con una disciplina militante, con un orden y con una cohesión como para quitarse la txapela. En plena clandestinidad, cayéndoles encima condenas brutales, los dirigentes de todas las organizaciones que lo han llevado a cabo han demostrado una cintura, una entrega y una capacidad digna de liderar este país. Además, desde el punto de vista de la alquimia política, el trabajo merecerá más de una tesis doctoral. No conozco en toda Europa un grupo de izquierdas, con la importancia, complejidad y tradición de la izquierda abertzale, que haya sido capaz de salir de un brete semejante sin desgarros.

De Lerín salieron antes algunos, alentando una desbandada general que no se dio. La mayoría quedó quieta, a la espera de la decisión colectiva. Cargados sin duda de audacia y de razones, unos argumentaban que había que continuar resistiendo allí. Los más dijeron de salir, volver a los pueblos, reagrupar fuerzas y tornar al ataque con las armas, ahora exclusivas, de la política. Y todos, ordenadamente, emprendieron la marcha. Para una sola cosa sirvieron los pocos que corrieron antes de tiempo: para señalarnos la senda equivocada, lo que no se debe hacer. Y ahí andan todavía, entre abrojales, sin hallar la salida.

- Llegados a este punto, el acatamiento de la «Ley de Partidos» [5], [6], como antes de la «Constitución», llevar el carnet de identidad español o pasar por un control policial, no son más que obstáculos de papel que pone el enemigo, y que el resistente vasco debe asumir para esperar al Estado donde ahora es más débil, allá donde hoy tenemos más ventaja: en el Orreaga de la política. Hay razones, fuerza y paisanaje para lograr la libertad. Se puede ganar la batalla del futuro como vamos a ganar la de la memoria histórica. Y digan lo que digan sus leyes, siempre seremos amigos del Che. Por eso los sorprendentes estatutos de Sortu no son ninguna demostración de debilidad, sino un derroche de fuerza y cohesión interna. Lo dijo muy claro el dirigente del Sinn Fein Alex Maskey. Y el Gobierno español lo sabe: no ha podido destruir Lerín; no ha conseguido ninguna desbandada, ninguna escisión, ninguna conversión, ninguna rendición. Todavía harán mucho daño físico [7] pero, moralmente, están derrotados.

Jose Mari Esparza: "Hay condiciones para cambiar de escenario"

ezkerabertzalea | 01 de diciembre de 2009. Jose Mari Esparza comenta las condiciones que tiene Euskal Herria para abrir un nuevo ciclo político y realizar un cambio de escenario, realizando un símil con varios acontecimientos históricos.

(23 de junio de 2011)