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Desde que llegó a la alcaldía en el año 2003, Ruiz Gallardón ha ligado su propia carrera política y proyecto de ciudad a la meta olímpica.

Manifiesto por una Auditoría Olímpica para Madrid

Sábado 28 de noviembre de 2009, por Redacción

El alcalde ha conseguido que todos los grupos políticos con representación en el consistorio apoyen sin fisuras el proyecto olímpico, en torno al cual se ha levantado un consenso patriotero, con el Rey, los gobiernos central y autonómico y una unánime orquestación mediática a la cabeza. Por otra parte, Madrid siempre se jactó de tener el porcentaje de apoyo popular más amplio de todas las ciudades candidatas, tanto para el 2012 como para el 2016. En este sentido, el proyecto se nos ha presentado como un clamor ciudadano, cuando en los hechos responde a un proyecto elitista y mercantilizado en grado extremo.

Sobran las razones, numerosas y relevantes, para plantar cara a semejante desatino. La primera que, con toda evidencia, los Juegos Olímpicos debían servir –éste ha sido, a buen seguro, un designio firme entre sus promotores– para imprimir una nueva vuelta de tuerca al negocio inmobiliario en un escenario de visible crisis. En este sentido, sólo tenemos que observar que es en los distritos con rentas más bajas donde estaban siendo planificados las principales infraestructuras deportivas (la Caja Mágica, el Estadio de la Peineta, la Villa Olímpica, etc …), con el objetivo de desarrollar un proceso de elitización urbana.

Las olimpiadas han sido y serán una coartada perfecta para un modelo de Madrid como “Ciudad Global”, centro financiero y empresarial, paraíso de una poderosa oligarquía, con la inestimable colaboración de las instituciones públicas y sus agresivas medidas de redistribución a favor de los de arriba. Una ciudad llena de obras, en buena parte absurdas, con una planificación urbanística caótica, con una red vial siempre saturada y que privilegia el transporte privado frente al público y con tremendas carencias en infraestructuras sociales. Como ejemplo de este despropósito podríamos citar las múltiples obras faraónicas emprendidas en estas dos legislaturas, pero desde luego, por encima de todas, el soterramiento de la M-30.

El soterramiento de la M-30, obra estrella de la anterior legislatura, es el ejemplo paradigmático de este modelo de crecimiento social, ecológica y económicamente irracional, que favorece la utilización del vehículo privado como modelo de transporte, tal y como se refleja en los datos que señalan que desde el 2004, por primera vez en la historia de la Comunidad, los desplazamientos totales en automóvil superaron a los realizados en transporte público. Un proyecto que ha costado más de cuatro mil millones de euros a las arcas publicas y que ha sido una pieza angular para que Madrid se haya convertido en la administración municipal más endeudada del Estado, con cerca de 7.000 millones de euros de déficit en el 2008. Aun así, el Ayuntamiento de Madrid ha seguido malgastando dinero público para promocionar su candidatura olímpica, de tal forma que, si el ayuntamiento de Madrid, sólo genera en 2009 la mitad del déficit registrado el año anterior, estaríamos hablando de un endeudamiento que rondaría los 8.300 millones de euros al finalizar este año.

La Caja Mágica, puede considerarse “la M 30” de la candidatura olimpica. Un proyecto vanguardista, ejecutado en uno de los barrios mas depauperados de la ciudad, que alberga 11 pistas cubiertas y 16 descubiertas, además de un gimnasio, zona de spa, restaurante y zona administrativa. El Consistorio aprobó un presupuesto para la infraestructura de 120.343.503,58 euros, pero finalmente se ha gastado 175.673.076,53 euros. Es decir, un 45,97% más de lo previsto, una tónica general en las diferentes infraestructuras deportivas acometidas en torno al Madrid olímpico. La Caja Mágica se ha convertido desde su inauguración en un Cajón Desastre, no sólo por el agujero económico en el que se ha convertido, ni por las criticas técnicas recibidas por parte de los tenistas profesionales en su inauguración en el Master de Madrid, sino fundamentalmente por el trastorno que ha generado entre los/as vecinos/as del barrio, por el caos circulatorio y, por supuesto, por la imposibilidad de utilizar sus instalaciones por parte de los vecinos del barrio, tal como ha denunciado Asociación Vecinal Barriada de San Fermín.

El anuncio de Río como ciudad que albergara las olimpiadas de 2016, supuso el batacazo definitivo a la candidatura de Madrid 2016, pero el despilfarro de fondos públicos envuelto en números de circo patriotero sigue aquí. Las cifras económicas de la parafernalia olímpica hechas públicas por Gallardón reconocen un gasto de 17 millones de euros del Ayuntamiento, para un total de 38 millones, la diferencia supuestamente aportada por patrocinadores privados que, sin duda, pensaban recuperar con creces su aportación en los futuros negocios olímpicos.

El modelo de ciudad insostenible, las obras faraónicas y la exclusión social persisten en Madrid y, a pesar de la cortina de humo olímpica, no hay ningún plan desde esta institución municipal para revertir esta situación. Más aún: en lugar de atender las necesidades de la población respondiendo a las demandas de equipamientos públicos y ayudas sociales, el Ayuntamiento lleva dos años derrochando dinero público en el abortado proyecto de Madrid 2016.

Así, los sueños del faraón Gallardón se convierten en nuestras pesadillas cotidianas, que el proyecto insostenible de Madrid como ciudad global, como marca olímpica, lo pagaremos los de siempre, los y las vecinas/os de Madrid.

Por ese motivo, urge saber a cuánto asciende este nuevo despilfarro megalómano. Conocer qué ha costado el show de Copenhague, pero también cuál ha sido el coste de todas las obras relacionadas con el proyecto olímpico, hasta el último euro. Queremos saberlo y compararlo con lo que se ha invertido y, sobre todo, con lo que no se ha invertido en otras partidas de interés social.

Por eso los vecinos y vecinas de Madrid que firmamos este manifiesto, exigimos que se realice una auditoría pública, partida por partida, del gasto olímpico desde el año 2000 hasta ahora. Estamos convencidos de que esa auditoría mostrará claramente la imagen del Madrid de “los de arrriba”, los que usan la ciudad para enriquecerse, mientras la destruyen como un espacio público de convivencia, que es lo que queremos que sea nuestro Madrid, el de los y las de abajo, quienes, como canta Sabina, “nos dejamos la vida en sus rincones”.

Sabemos que levantar un proyecto de ciudad alternativo al Madrid olímpico y de los especuladores es una tarea que requiere tanto trabajo, como esperanza compartida. Pero frente al deterioro progresivo de las condiciones de vida en esta ciudad, creemos que es necesario tener una actitud más coordinada y activa contra los desmanes que cada día acontecen en Madrid. La denuncia pública, el debate y las propuestas colectivas son medios imprescindibles para ello. La movilización sostenida contra las políticas antisociales del Ayuntamiento, una necesidad urgente.

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(28 noviembre 2009)