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’La patria del criollo’ Ensayo de interpretación de la realidad colonial guatemalteca, Severo Martínez Peláez (1970)

Domingo 1ro de octubre de 2017, por Redacción

Martínez Peláez estudia en este libro a indios, españoles y criollos desde una óptica marxista. Usa principios metodológicos que, por primera vez, se aplican al desarrollo histórico de Centro América. Investiga, por tanto, los fenómenos básicos de la sociedad guatemalteca de ese período y establece tesis e hipótesis de indudable valor científico. La obra analiza las relaciones de producción, el trabajo mismo de los indios y de los ladinos menesterosos, las pugnas entre grupos dominados y dominantes. Españoles, indios, mestizos, son valorados dentro del contexto económico, político y cultural de su propia clase. El autor no exalta ni niega valores, explica realidades incontrovertibles. El criollo en su exacta dimensión social, es presentado dentro de su proceso de una complicada trama de procesos. Severo Martínez Peláez (1925-1998) fue un historiador marxista, catedrático de la Universidad de San Carlos de Guatemala, que hizo estudios superiores de historia en su país, México y España. La Haine.

(imagen Cazando indios).

José Severo Martínez Peláez (Quetzaltenango, 16 de febrero de 1925 - Puebla de Zaragoza, 14 de enero de 1998) fue un humanista e historiador marxista guatemalteco. Su principal obra histórica es «La patria del criollo: ensayo de interpretación de la realidad guatemalteca», escrita en 1970, la cual analizó la historia colonial de Guatemala desde el punto de vista marxista, y marcó un antes y un después en el estudio de la historia de ese país centroamericano.

Nació en Quetzaltenango y allí recibió una educación esmerada, estudiando en el Colegio Alemán de dicha ciudad guatemalteca; luego se trasladó a la Ciudad de Guatemala, en donde estudió en la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala, y durante esta etapa participó en la Revolución de Octubre de 1944 y fue presidente de la asociación de estudiantes de dicha facultad. Sin embargo, salió exiliado a raíz del derrocamiento de Jacobo Arbenz en 1954 con rumbo a México donde continuó sus estudios de doctorado en historia en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM); en México estudió con los historiadores mexicanos Silvio Zavala, León Portilla y Wenceslao Roces.

Regresó a su país en 1957 y se dedicó a la docencia en la Universidad de San Carlos de Guatemala. El decano de la Facultad de Ciencias Económicas, licenciado Rafael Piedrasanta Arandi y el rector magnífico de la universidad, doctor Edmundo Vásquez Martínez, dieron la anuencia para que la universidad le otorgara una beca para investigación en el Archivo General de Indias en Sevilla, España entre 1967 y 1969. De esta investigación surgieron su obra principal, «La patria del criollo» en 1970, así como el programa de Historia Económica de Centro América de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de San Carlos de Guatemala y la reforma total de la Escuela de Historia de dicha entidad de educación superior en 1978.

En 1979, por amenazas del gobierno del general Fernando Romeo Lucas García tuvo que salir nuevamente al exilio con su familia y continuó su labor investigativa y formativa en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, en donde participó en seminarios y cursos nuevos en la carrera de historia del Colegio de Historia de esa universidad mexicana y tuvo importantes reuniones con historiadores y exilados guatemaltecos en México.

El 30 de octubre de 1992 fue nombrado doctor Honoris Causa por la Universidad de San Carlos, en reconocimiento a la investigación histórica centroamericana y a sus notables méritos como catedrático universitario.

Entre sus obras destacan «Motines de Indios. La violencia colonial en Centroamérica y Chiapas» (1985) y principalmente «La Patria del Criollo: Ensayo de Interpretación de la Realidad Guatemalteca» (1970), considerada de gran importancia en la historiografía latinoamericana. De acuerdo a un estudio [1], Peláez tiene «el mérito de ser el primer historiador profesional que realizó un análisis histórico de la estructura social guatemalteca desde la perspectiva marxista de la lucha de clases como un intento genuino de rehabilitar la capacidad explicativa del conocimiento histórico de la realidad socio-política de Guatemala».

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La patria del criollo
Severo Martínez Peláez (1970)
Lectulandia 2015

- Revista Bajo el Volcán 2012, 12(19) (Red de Revistas Científicas de América Latina y el Caribe, España y Portugal Redalyc)

Presentación

Desde hace aproximadamente tres décadas, la necesidad de nuevas narrativas, amparadas en diluir cualquier relato universal, decodificar la ficción de la nación y cuestionar la relación entre saber y poder ha conducido a virajes epistemológicos, los cuales se plantean como historiografías alternativas a lo totalizante del pensamiento occidental. Esta producción intelectual se ha llevado a cabo en los marcos del significado político de experiencias poscoloniales y se enriqueció por la crisis de los regímenes autoritarios del extinto bloque socialista europeo, que ha llevado incluso a plantear que vivimos en tiempos posnacionales, donde emerge con más fuerza que nunca la diversidad cultural, pero al mismo tiempo ésta es marcada por los procesos globalizantes de nuestros días.

Como resultado interesante, dichos nuevos relatos cuestionan el positivismo y etnocentrismo que generalmente caracterizan la construcción de conocimiento en el universo académico. Entonces, parece que dos vías distintas para entender el mundo y, particularmente, el lugar de los subordinados en éste, se han delineado para establecer: 1) lo que una ciencia puede documentar y explicar objetivamente aun, si fuese el caso, en torno a un pensamiento emancipador frente a una ideología dominante; y 2) aquello que representaría distintas tendencias de dar “voz” a los oprimidos bajo fórmulas conceptuales y metodológicas que subrayen la importancia de reconocer el lugar que tienen l@s otr@s en la creación de sus propias historias en y en contra de órdenes de poderes dominantes. Al respecto, un ejemplo paradigmático lo constituyen los “Estudios Subalternos” (Subaltern Studies), o las llamadas de manera reciente, tanto por tirios y troyanos, “epistemologías del Sur”.

El punto relevante es que en estas dos visiones se esquiva la cuestión de la lucha de clases y, por consecuencia, el asunto de la revolución. En la primera fórmula se aspira a un entendimiento realista de la constitución de la subordinación, mientras que en la segunda, a pensar que los subordinados son capaces de lograr un lugar en el horizonte de la narrativa liberal, que se erige como una racionalidad histórica triunfante.

Hacer tal preámbulo está relacionado con la primera sección de este número: el conjunto de ensayos sobre la obra del profesor Severo Martínez Peláez. Como el lector podrá apreciar, cada autor (Lovell, Figueroa, Gutiérrez, Tischler, Cal) presenta un punto de vista crítico que destaca algún ángulo particular desde el cual apreciar la obra del mencionado historiador. Sin embargo, hay un denominador común en ellos que subraya la dimensión ética del trabajo de Severo Martínez Peláez. Tal ética es resultado del compromiso político de un académico e intelectual perseguido por la dictadura surgida después de la caída, en 1954, del presidente Jacobo Árbenz en Guatemala. Considerar la responsabilidad moral de Severo Martínez Peláez apunta un elemento clave en la creación de narrativas o historiografías sobre las diferencias y desigualdades que prevalecen hoy en el mundo. Aspirar a crear un relato con los contenidos sugeridos por Martínez Peláez, tomaría distancias de los enfoques que reducen a los subordinados a un objeto de conocimiento y control, o bien celebran su diversidad en el concierto armónico de la aparente pluralidad democrática que deja intacta la lógica perversa del capital.

¿Qué novedad formuló Martínez Peláez al escribir La patria del criollo (1970) y Motines de indios (1976) en un contexto de levantamientos sociales, influencia del pensamiento marxista en militantes y activistas del “Tercer Mundo”, así como en el despliegue de una política desarrollista desde Estados Unidos, con el objeto de contener y disolver, no sólo por la violencia física, las muestras de descontento de poblaciones “pobres” o “subdesarrolladas” que tuvieron un carácter abierto o velado en tan distintos sitios? Posiblemente, la innovación del análisis historiográfico que hizo Martínez Peláez en esos momentos (y lo novedoso que pudiera tener ahora) fue abordar descarnadamente la contradicción y el antagonismo en el mundo colonial a través del concepto de lucha de clases. Tal postura le acarreó en vida distintas críticas. Algunas de ellas se ciñeron a enmarcar su pensamiento en la ortodoxia de un materialismo histórico que no fue más allá de ver a los “indios” como objetos, víctimas, y no como sujetos de sus propias historias. Sin embargo, tal crítica queda rebasada si revisamos particularmente los textos de Figueroa, Gutiérrez, y Tischler, que dan cuenta, cada uno a su modo, sobre la formación de un sujeto colectivo que con la claridad de sus propias experiencias y memorias enfrentó (y enfrenta) la violencia cotidiana impuesta contra ellos.

Los años ochenta del siglo pasado no parecen tan lejanos. Vistos desde nuestros días, podrían considerarse la prolongación de un penoso siglo XX dominado por la violencia estructural, como suelen decir los sociólogos, asociada a la expansión del capital. En este contexto se perpetuó en Guatemala un genocidio por la muerte de miles de indígenas y la desaparición literal de muchos de sus pueblos y memorias. Durante ese momento, la obra de Severo alcanzó mayor relevancia. Intelectuales y fuerzas insurgentes leyeron con profundidad aquello que el meollo de sus planteamientos contenía respecto a la causa principal del “problema indígena” en Guatemala y toda Centroamérica: la tierra, tal como lo entendiera el intelectual peruano José Carlos Mariátegui en la década de los años veinte en sus ensayos sobre el colonialismo y las posibilidades de un cambio socialista desde las comunidades indígenas. Pero no sólo estas audiencias políticamente relacionadas con la militancia de izquierda y la guerrilla fueron los lectores de Martínez, también, como dicen los anglosajones, el hombre y la mujer de la calle leyeron con ahínco este trabajo. Todavía en estos días, las nuevas generaciones de jóvenes centroamericanos leen sus obras, como si su lectura se tratara de una cita con la historia de los suyos. Según colegas centroamericanos, las cifras no oficiales –que son las que valen– estiman que La patria del criollo, entre ediciones legales e ilegales (“piratas”, pues) tuvo un tiraje que oscila entre 30 y 60 mil ejemplares, datos que pocos académicos en el mundo (vivos o muertos), tan dados a sentimientos ególatras, podrían presumir.

En los artículos publicados, los lectores hallarán explicaciones mediadas por una reflexión crítica de las afirmaciones de este autor y, con sus reservas, reivindicarán el mensaje crudo que Severo ofrece en torno a las relaciones de dominación, en las cuales han estado envueltas las comunidades indígenas en lucha contra un orden despiadado a lo largo de la historia nacional de Guatemala y la globalización. En estos momentos, esa crudeza con la que observó Severo destapa el manto de la multiculturalidad con el cual las políticas globalizantes de mando, particularmente en Guatemala, quieren corregir la historia, olvidar lo inconveniente del pasado para los dominadores de hoy, al tiempo que celebran la diversidad indígena actual en un mundo social que no puede ocultar agudas contradicciones de clase.

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El Comité de Dirección

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Bajo el volcán 2012 12(19)

- Las raíces de la sociedad guatemalteca, el indio y la revolución, Alberto Baeza Flores y Severo Martínez Peláez (Revista Nueva Sociedad Núm. 10, Enero-Febrero 1974).

En su visita a la Universidad de San Carlos de Guatemala le fue entregado a nuestro Director Alberto Baeza Flores el libro editado por la Editorial Universitaria Guatemalteca y que estaba constituyendo un éxito más allá del campo estrictamente científico: La patria del Criollo, Ensayo de Interpretación de la realidad colonial guatemalteca por el Dr. Severo Martínez Peláez. Se trata de una obra de casi ochocientas páginas. Poco después, con motivo del Primer Congreso Centroamericano de Historia Demográfica, Económica y Social, organizado conjuntamente por el Consejo Superior Universitario Centroamericano, la Fundación Friedrich Ebert y CEDAL en el Campus de la Catalina, le fue entregado al Dr. Severo Peláez el primer volumen de la nueva y ultima edición de su obra, realizada a muy corto plazo de la edición anterior, y esta vez por la Editorial Universitaria Centroamericana (EDUCA). El ejemplar fue entregado al Dr. Martínez Peláez por el Secretario General del CSUCA Dr. Sergio Ramírez Mercado y por el Director de EDUCA, el escritor Italo López Vallecillos. Poco después, se efectuó, especialmente para Nueva Sociedad, la conversación que ofrecemos.

(1 de octubre de 2017)


[1- Severo Martínez Peláez, In Memoriam: La Patria del Criollo, un cuarto de siglo después, Centro de Estudios Urbanos y Regionales (USAC) (1998), Universidad de San Carlos de Guatemala, Serie documentos para la historia Nº 9, marzo 1998

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