Portada del sitio > Documentos > "La Ilustre degeneración", "La cacería", "La Base", y "Entre el Corán y el (...)

"La Ilustre degeneración", "La cacería", "La Base", y "Entre el Corán y el Evangelio", de Luisa Isabel Álvarez de Toledo

Jueves 7 de abril de 2011, por Redacción

Inspirada en una serie de crímenes cometidos en los años 90, donde el caso Alcocer se erige como principio de todos ellos, se reflejan de modo virulento los resortes que mueven a algunos individuos a disponer de la vida ajena, escondidos tras un cargo, un apellido o simplemente tras unas falsas
apariencias. Análisis podría decirse, cuasi criminalístico, donde queda patente el cómo y el por qué las patologías criminales no distinguen de clases sociales, pudiendo caer en uno u otro bando, con la salvedad de que no siempre el criminal es aquél que la sociedad señala (Fundación Casa Medina Sidonia).

(imagen: Portada de “La Ilustre degeneración”. Fuente: Fundación Casa Medina Sidonia) [1], [2]).

- LA ILUSTRE DEGENERACIÓN, PDF- Historia de una obra.

Tras cerca de 20 años de no conseguir publicar novela, en 1998 editorial sevillana recién nacida, llamada Intolema, me pidió "Presente Infinito". Bajo el rótulo de novela–ensayo, porque a lo que hace pensar e informa, ya no se le puede llamar novela, no encontró distribuidor. Apareció a finales de julio, en pueblos andaluces del interior, no de la costa, sin que el Ministerio de Cultura haya tenido a bien incluirla en el catálogo del I.N.L.E, lo que no es novedad. No aparece ninguno de mis libros. Desde su poder ilimitado, lo que no les gusta queda condenado a la "no existencia".

Pero el "boca a oreja" funciona. De la novela, que a estas alturas aparece y desaparece de las librerías, como los sábalos, debió tener noticia la Ed. Martínez Roca. Me escribió pidiéndome una obra. Y contesté que no. Recién llegada del exilio, hizo otro tanto su director. Rechazó lo que le mandé, pero me pidió trabajo de encargo, tratando de hacerme comprender que en los nuevos tiempos, el autor debía escribir lo que mandaba el editor, no lo que le daba la gana. Nunca me había pasado semejante cosa. Es decir, que me juré no tener más relaciones con el Grupo Planeta. Pero el director literario de Martínez Roca, por cierto italiano y lo suficientemente inteligente como para reconocer sus contradicciones, insistió, buscando por aliados personas de mi entorno.

Teniendo novela reciente terminada y sin esperanza de salir a luz, terminé por ceder, con condiciones expresas: nadie metería la pluma en mi obra, para cortar, añadir o modificar. Si el editor quería reformas y yo las aceptaba, las haría personalmente, quedando a mi cargo la corrección de las pruebas. Rechacé el adelanto, advirtiendo que no firmaría contrato, hasta no tener corregidas las últimas pruebas, reservándome el derecho a retirar la obra una vez publicada, de ser introducida modificación.

Juzgando la creación al peso, pues sólo los mimados del sistema tienen derecho a espacio ilimitado, Locatelli me insinuó reducir las 350 páginas del original a 200, alegando "imperativo" de la colección. No entiendo que la obra, destinada a uso del intelecto, se mida por tamaño o por las tapas, pero cedí, porque quise saber hasta donde llegaba la censura, "encubierta" porque la niegan. Y de ser posible, acopiar pruebas. Aceptado como título "El jardín de las Delicias", impuesto por la editorial, dejé el manuscrito en 199 folios, en los espacios y tipos señalados. Mandé a la editorial copia de impresora, sin adjuntar disquete. Tendrían que pedirlo para preparar las pruebas y sabría cuándo entraba en imprenta.

Recibido el texto, Locatelli insistió la conveniencia de formalizar el contrato. Me atuve a lo dicho y me olvidé, suponiendo que no estaban dispuestos a poner lo que había mandado al alcance del lector. Un día recibí los dos primeros títulos de la colección "Originales". Mi obra aparecía anunciada en la solapa, con mi nombre y apellido. No habiendo visto pruebas, llamé a Locatelli para recordarle el compromiso. Prometió traérmelas en persona, asegurando que con los nuevos métodos, había tiempo sobrado para salir en la fecha.

Creyendo que ver mi nombre en las librerías me obnubilaba, se presentó con las pruebas de los primeros Capítulos. Y, sobre todo, con el contrato. Que se hubiesen tomado el trabajo de sacarlas del dedo, me asombró. Lo entendí apenas empecé a repasarlas. A más de nombres de plantas en latín, encabezando los Capítulos, por cierto con significado, cursilada añadida, de mi texto no quedaba ni el esqueleto.

Repasadas las primeras páginas, anuncié que retiraba la novela, porque el censurón no admitía negociaciones. Locatelli protestó. No podía hacerlo, pues estaba anunciada. Respondí que nadie está obligado a pagar las consecuencias de imprudencias cometidas por tercero. En el colmo no sé si del cinismo o de la estupidez, alegó que la Editorial había cumplido lo acordado, pues no añadió palabra. Probé que al no haberlas dejado, llegábamos a la misma conclusión: a más de hacerme decir lo que no dije, se me hacía expresarme contra mis principios. Al día siguiente, acogiéndome a la Convención de Ginebra, que reconoce al autor derecho imprescriptible a la propiedad intelectual de su obra, reclamé por fax, remitido a nombre de la cabeza visible de la empresa, devolución inmediata del manuscrito y sus copias.

Debidamente documentado el hecho, pues anunciada la obra el editor no podría alegar rechazo, por razones literarias o de formato, denuncié censura probada, a más de flagrante. Miembro entonces de "Asociación Colegiada de Escritores de España",-de la que me he dado de baja-, no conseguí la ayuda legal, que solicité, para llevar la cuestión a La Haya. Como gran concesión, me permitieron denunciarla en breve artículo, aparecido en la "República de las Letras", órgano de circulación restringida.

Esto sucedió en 1999. En 1995, corregidas las segundas pruebas de un relato sobre lo sucedido en Palomares, escrito en 1968, que no apareció entonces, por haberlo prohibido la "censura descubierta" de Fraga, tuve que retirar la obra, corregidas las segundas pruebas, porque el Instituto del Libro Almeriense, en último momento, pretendía y quiso introducir las mismas modificaciones que la censura en Fraga. Hará un año poco más o menos, la Editorial Nerea me pidió la biografía de Gaspar de Guzmán. Publicada la primera parte bajo el título de "Historia de una Conjura", por la Diputación de Cádiz, en 1987, reservándome el derecho a vender la explotación de la obra a editoriales comerciales, agotada hace tiempo, al haber sido censurada la segunda parte, advertí a la editorial que no consentiría publicar otra vez separadamente. Aceptó, pero imponiendo extensión de 200 páginas, que parecen ser de rigor. Esta vez mandé el manuscrito, acoplado a la exigencia y completo, directamente por disquete. En abril del 2001 recibí carta, rechazando la obra, por excesivamente documentada y especializada; dado que los tales lectores, no pueden aceptar ni rechazar lo que no se les permite conocer, he decidido incluir la novela censurada por Roca, según quedó tras el recorte, que la dejó en las 200, es decir, en las condiciones en que fue anunciada. El texto que aparece en cursivas, es el que aparece en las pruebas, es decir, lo único que se pensaba publicar de los primeros Capítulos. Y en la forma en que se pensaba publicarlo. Al margen incluyo muestra. El resto fue suprimido.

Confieso que esta obra es fruto de la indignación impotente. Partiendo de sucesos aparecidos en la prensa; del perfil que ya en el siglo pasado prestan psiquiatras y psicólogos a los protagonistas habituales de sucesos similares, surgió una novela policíaca al revés: los protagonistas, arquetipo del sádico sexual, no pretenden encontrar al criminal. Se exprimen las meninges, para ocultar su crimen, porque necesitan continuar cometiéndolo. Personajes, situaciones y lugares son ficticios. Pero confieso que de no haber aparecido en la prensa determinados hechos, nunca se me hubiese ocurrido escribir este relato. Lo hubiese considerado excesivamente alejado de la realidad para ser plausible. Servirá al menos para despertar conciencias, alejando del lamentable camino a los que son atraídos por invitaciones, en apariencia inocuas y hasta ventajosas. No tengo esperanza de avergonzar a los que usan semejantes prácticas. Por no tener, no tienen ni dignidad.

Espero que en Internet no suceda como en los "medios" y las editoriales. Que la libertad termina donde se empieza a decir lo que el poder no quiere escuchar.

- LA CACERÍA, PDF

Con la publicación de esta novela, editada en 1977 por Grijalbo, a la vuelta del exilio de la autora, se cierra la trilogía comenzada con la novela La huelga.

De corte realista, la autora nos muestra el retrato de una clase social, nacida bajo los auspicios del estraperlo, y la de una nobleza decadente, que supo sumarse al carro del poder franquista.

Su hipocresía y su falsa moral con la clase más desfavorecida, serán el hilo conductor que nos introduce al mundo de las apariencias, cuyo efecto golpea a los individuos que caen en sus redes.

Una vez más, la voz crítica de la autora se hace oír con toda su fuerza, en una obra que a nadie dejará indiferente.

- LA BASE, PDF

Editada por la editorial francesa Grasset en 1971, estando Luisa Isabel Álvarez de Toledo en el exilio, tras padecer la cárcel franquista por manifestación ilegal, la novela se sitúa en el pueblo andaluz de Rota, que vivirá un proceso de transformación socio-económica debido a la imposición de una nueva cultura, la americana.

La Base, no es más que el nombre que dará origen a esta transformación, pues tras el acuerdo firmado por Franco con el gobierno de EE.UU, este rincón de Andalucía será elegido como punto estratégico, donde se asentará la base militar que habrá de controlar estratégicamente, hasta nuestros días, todo el flanco oriental del Pacífico.

Teniendo en cuenta todo ello, la sociedad roteña pasará de su forma de vida rural, anclada en el viejo régimen, a la edad moderna, a la que deberá enfrentarse, con todo lo malo y bueno que ello conlleva.

- ENTRE EL CORÁN Y EL EVANGELIO, PDF

Relato Histórico

Autor: Luisa Isabel Álvarez de Toledo, Duquesa de Medina Sidonia

El hombre de la baja edad media no pudo disipar las tinieblas con un gesto, pero compartió nuestras pasiones, ambiciones y bajezas, admirando valores, que se abstuvo de practicar. A falta de ejemplo mortal, susceptible de encarnarlos, soñó héroes de papel, como nosotros. Lancelote y Orlando fueron su "Zorro" y " su Coyote", precediendo a la picaresca del siglo XVI, como los héroes de principios del XX anunciaron la aspereza desvergonzada y zafia de nuestra modernidad. Inalcanzable la justicia antes y ahora, pues ni quien la desea podría definirla, como no define los términos libertad y democracia, los literatos se alejan de la realidad, describiendo situaciones extremas o absurdas, por puro miedo a la censura del poder y el deseo de complacer al público, fuente de ingresos. En cuanto a los historiadores, caen en alimentar hagiografías, ofreciendo al sistema los antepasados que desea. Pocos cumplen el deber de buscar la verdad, empezando por admitir que no hubo, en el medioevo, un porcentaje superior de caballeros, desfacedores de entuertos, que el de humanos justos y honestos, en nuestros días.

Índice

Episodio I: Capítulos 1 - 3

Episodio II: Capítulos 4 - 6

Episodio III: Capítulos 7 - 10

Episodio IV: Capítulos 11 - 14

Episodio V: Capítulos 15 - 19

(imagen: Luisa Isabel Álvarez de Toledo. Fuente: Web Islam).

También de Luisa Isabel Álvarez de Toledo en Géminis Papeles de Salud:

- "África versus América, la fuerza del paradigma".

(7 de abril de 2011)

Mensajes

  • Muchisimas gracias por este articulo. Estaba buscando la novela La ilustre degeneracion desde hace mucho y no daba con ella. Me ha sorprendido encontrar eso en una pagina como esta.
    Gracias!!

  • Pues está en toda la red. Un descubrimiento, porque nadie habla de ella. Lo que se dice forma parte de lo que nadie osa decir, ni siquiera noveladamente. Interesante, lástima no haber descubierto a la duquesa en vida. Una aguerrida disidente. Hay que ser como se es, no como los demás presumen que se tiene que ser.

  • Muy buen articulo, me encantan todos sus libros, ¿Alguien sabría en que año, o en que periodo se escribió y publicó La ilustre degeneración? Muchas gracias.

  • Un gran mujer, que "solo" JIB tuvo la suerte de conocerla en vida.

    Como todo lo que dice la Duquesa hace pupa, pues bien escondido que esta.......

  • ¿Tendremos el gustazo y satisfacción de leer en alguna ocasión las 150 páginas que nos faltan de la Ilustre? 6 veces lo he leído ya.
    La duquesa magnífica.