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Qué!, 8 octubre 2012
Boltxe kolektiboa, 9 octubre 2012

Evo Morales dedica el triunfo de Hugo Chávez a ’Che’ Guevara, revolucionario, guerrillero y comunista asesinado por el imperialismo hace 45 años

’Diario del Che en Bolivia’, Transcripción cotejada con el manuscrito original & Serie El Che en Bolivia documentos y testimonios: Tomo 1 Su diario de campaña, Tomo 2 Los otros diarios, Tomo 3 Su último combate, Tomo 4 ¿Traición del PCB?, Tomo 5 Pensamiento Boliviano

Sábado 13 de octubre de 2012, por Redacción

El presidente de Bolivia, Evo Morales, dedicó el triunfo electoral del pasado domingo del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, al guerrillero argentino-cubano Ernesto "Che" Guevara [1], cuyo asesinato, hace 45 años en el sureste boliviano a manos de los militares, se ha recordado esta misma semana.

El Che sigue siendo faro y guía

Podemos afirmar con absoluta confianza que las ideas del Che mantienen su vigencia en nuestro proceso revolucionario y, muy especialmente, en los esfuerzos para actualizar nuestro modelo económico, expresó este lunes el Comandante de la Revolución Ramiro Valdés Menéndez, miembro del Buró Político del Partido.

El también Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros pronunció aquí las palabras centrales del acto por los aniversarios 45 de la muerte en Bolivia de Ernesto Che Guevara y 15 del regreso a la Patria de sus restos, junto a su Destacamento de Refuerzo.

Tras destacar la necesidad de cultivar el ejemplo del Che para que su legado sea imperecedero y sirva de faro y guía en la lucha por un mundo nuevo y mejor, exhortó a trabajar día a día aunando voluntades y resaltando la vigencia de sus ideas y de su vida para que llegue a cada rincón de cada aldea, a cada región de cada país, a cada continente, porque no podemos dejar que el porvenir ruede por tierra.

El Comandante de la Revolución argumentó que más allá de su genio en el orden militar, sus contribuciones fueron numerosas y abarcadoras, fundamentalmente en los temas económicos, políticos y sociales, sobre todo en aspectos esenciales para la construcción del socialismo.

Evocó sus certeras críticas a lo mal hecho; su combate contra el burocratismo y la tecnocracia; la lucha por el empleo eficiente de la jornada laboral y contra las plantillas infladas. Fue un propulsor y defensor del trabajo voluntario, cuando éste realmente se justificaba y aprovechaba, puntualizó.

Se refirió, además, a cómo los asesinos del Che no imaginaron que en La Higuera nacía una bandera de combate, un gigante moral que, como ha dicho el compañero Fidel: «Crece cada día y cuya imagen, influencia y presencia se han multiplicado por toda la tierra y no podrán ser destruidas jamás».

El sencillo pero emotivo acto político-cultural comenzó cuando cinco jóvenes destacados colocaron una ofrenda floral al pie de la escultura del Guerrillero Heroico, y seguidamente se escuchó el Himno Nacional.

Con anterioridad 39 jóvenes destacados realizaron el cambio de flores en los nichos donde descansan los restos de los guerrilleros caídos en Bolivia.

Un grupo de 45 niños, en representación de todos los que ingresaron este lunes a la Organización de Pioneros José Martí, recibieron sus pañoletas azules de manos de sus familiares.

En el acto participaron también los miembros del Buró Político Ricardo Alarcón, presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular y Miguel Díaz-Canel Bermúdez, vicepresidente del Consejo de Ministros; el Comandante de la Revolución Guillermo García, integrante del Comité Central; Julio Lima Corzo, primer secretario del Partido en Villa Clara; y familiares del Che y de los compañeros caídos en Bolivia, entre otros invitados.

Che Guevara (Documental completo)

Subido por vladimir87tu, 15/05/2011

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Prólogo de Fidel al “Diario del Che en Bolivia

- DIARIO DEL CHE EN BOLIVIA. Edición cotejada con el manuscrito original [2], [3].

Una introducción necesaria

Noviembre 7, 1966 a octubre 7, 1967

Era costumbre del Che en su vida guerrillera anotar cuidadosamente en un Diario personal sus observaciones de cada día. En las largas marchas por terrenos abruptos y difíciles, en medio de los bosques húmedos, cuando las filas de los hombres, siempre encorvados por el peso de las mochilas, las municiones y las armas, se detenían un instante a descansar, o la columna recibía la orden de alto para acampar al final de fatigosa jornada, se veía al Che —como cariñosamente lo bautizaron desde el principio los cubanos— extraer una pequeña libreta y con su letra menuda y casi ilegible de médico, escribir sus notas.

Lo que pudo conservar de esos apuntes le sirvió luego para escribir sus magníficas narraciones históricas de la guerra revolucionaria en Cuba, llenas de contenido revolucionario, pedagógico y humano.

Esta vez, gracias a aquel invariable hábito suyo de ir anotando los principales hechos de cada día, podemos disponer de una información pormenorizada, rigurosamente exacta e inapreciable de aquellos heroicos meses finales de su vida en Bolivia.

Esas anotaciones, no escritas propiamente para la publicación, le servían como instrumento de trabajo para la evaluación constante de los hechos, las situaciones y los hombres, a la vez que daban cauce a las expresiones, de su espíritu profundamente observador, analítico, y muchas veces matizado de fino humorismo. Están sobriamente redactadas y poseen ininterrumpida coherencia desde el principio hasta el fin.

Téngase en cuenta que fueron escritas en los ratos escasísimos de descanso, en medio de épico y sobrehumano esfuerzo físico y de sus agotadoras obligaciones como jefe de un destacamento guerrillero en la difícil etapa de los comienzos de una lucha de esta naturaleza, que se desenvolvía en condiciones materiales increíblemente duras, lo que revela una vez más su estilo de trabajo y su voluntad de hierro.

En este Diario, al analizar en detalle los incidentes de cada día, se hacen constar faltas, críticas y recriminaciones que son propias e inevitables en el desarrollo de una guerrilla revolucionaria.

En el seno de un destacamento guerrillero esas críticas se tienen que producir incesantemente, sobre todo en la etapa en que está constituido sólo por un pequeño núcleo, enfrentados a condiciones materiales sumamente adversas y a un enemigo infinitamente superior en número, cuando el menor descuido o la más insignificante falta pueden resultar fatales y el jefe debe ser exhaustivamente exigente, a la vez que utilizar cada hecho o episodio, por insignificante que parezca, para educar a los combatientes y futuros cuadros de los nuevos destacamentos guerrilleros.

El proceso de formación de la guerrilla es un incesante llamado a la conciencia y al honor de cada hombre. El Che sabía tocar las fibras más sensibles de los revolucionarios. Cuando Marcos, reiteradamente amonestado por el Che, fue advertido de que podía ser expulsado deshonrosamente de la guerrilla, respondió: “¡Antes fusilado!” Más adelante dio su vida heroicamente. Similar fue el comportamiento de todos los hombres en los que puso su confianza y a los cuales se vio en la necesidad de amonestar por alguna u otra causa en el transcurso de la lucha. Jefe fraternal y humano sabía también ser exigente y en ocasiones severo; pero lo era en primer lugar y en mayor grado que con los demás, consigo mismo. Che basaba la disciplina en la conciencia moral del guerrillero y en la fuerza tremenda de su propio ejemplo.

El Diario contiene también numerosas referencias a Debray y evidencian la enorme preocupación que suscitó en el Che el arresto y encarcelamiento del escritor revolucionario a quien había encomendado una misión en Europa, aunque en el fondo habría deseado que aquél permaneciera en la guerrilla. Por eso manifiesta cierta inconformidad, y en ocasiones algunas dudas, sobre su comportamiento.

Che no tuvo posibilidad de conocer la odisea vivida por Debray en las garras de los cuerpos represivos y la actitud firme y valerosa mantenida por éste ante sus captores y torturadores.

Destacó, sin embargo, la enorme importancia política del proceso, y, el 3 de octubre, seis días antes de su muerte, en medio de amargos y tensos sucesos, consigna: “Se escuchó una entrevista de Debray muy valiente frente a un estudiante provocador”, siendo ésta su última referencia al escritor.

Como en este Diario la Revolución Cubana y sus relaciones con el movimiento guerrillero aparecen reiteradamente señaladas, algunos pudieran interpretar que su publicación por nuestra parte constituye un acto de provocación que dará argumentos a los enemigos de la Revolución y a los imperialistas yanquis y sus aliados, los oligarcas de América Latina, para redoblar sus planes de bloqueo, aislamiento y agresión a Cuba.

A los que así juzgan los hechos, es bueno recordarles que el imperialismo yanqui no ha necesitado nunca de pretextos para perpetrar sus fechorías en cualquier lugar del mundo y que sus esfuerzos para aplastar la Revolución Cubana se iniciaron desde la primera ley revolucionaria promulgada en nuestro país, por el obvio y conocido hecho de que ese imperialismo es el gendarme de la reacción mundial, promotor sistemático de la contrarrevolución y protector de las estructuras sociales más retrógadas e inhumanas que subsisten en el mundo.

La solidaridad con el movimiento revolucionario puede ser tomada como pretexto, pero nunca será la causa de las agresiones yanquis. Negar la solidaridad para negar el pretexto es ridícula política de avestruz, que nada tiene que ver con el carácter internacionalista de las revoluciones sociales contemporáneas. Dejar de solidarizarse con el movimiento revolucionario no es negarle un pretexto sino solidarizarse de hecho con el imperialismo yanqui y su política de dominio y esclavización del mundo.

Cuba es un pequeño país de economía subdesarrollada, como todos los que fueron durante siglos dominados y explotados por el colonialismo y el imperialismo, situada sólo a 90 millas de las costas de Estados Unidos, con una base naval yanqui en su propio territorio, que se enfrenta a numerosos obstáculos por llevar a cabo su desarrollo económico-social. Grandes peligros se han cernido sobre nuestra Patria desde el triunfo de la Revolución, pero no por ello conseguirá el imperialismo doblegarla, sin que deban importarnos las dificultades que una línea revolucionaria consecuente pueda conllevar.

Desde el punto de vista revolucionario la publicación del Diario del Che en Bolivia no admite alternativa. El Diario del Che quedó en poder de Barrientos, que de inmediato entregó copia a la CIA, al Pentágono y al gobierno de Estados Unidos. Periodistas allegados a la CIA tuvieron acceso al documento en la propia Bolivia y sacaron copias fotostáticas del mismo, aunque con el compromiso de abstenerse, por el momento, de publicarlo.

El gobierno de Barrientos y los más altos jefes militares tienen sobradas razones para no publicar el Diario, donde se puede constatar la inmensa incapacidad de su ejército y las incontables derrotas que sufrieron en manos de un puñado de guerrilleros decididos que en unas pocas semanas le arrebató en combate cerca de doscientas armas.

Che describe además a Barrientos y su régimen en los términos a que es acreedor con palabras que no podrán borrarse de la historia.

Por otro lado, el imperialismo tenía también sus razones: Che y su ejemplo extraordinario cobran fuerza cada vez mayor en el mundo. Sus ideas, su retrato, su nombre, son banderas de lucha contra las injusticias entre los oprimidos y los explotados y suscitan interés apasionado entre los estudiantes y los intelectuales de todo el mundo.

En los propios Estados Unidos el movimiento negro y los estudiantes progresistas, que son cada vez más numerosos, han convertido en algo suyo la figura del Che. En las manifestaciones más combativas por los derechos civiles y contra la agresión a Vietnam, sus retratos son esgrimidos como emblemas de lucha. Pocas veces en la historia, o tal vez nunca, una figura, un nombre, un ejemplo, se han universalizado con tal celeridad y apasionante fuerza. Es que el Che encarna en su forma más pura y desinteresada el espíritu internacionalista que caracteriza al mundo de hoy y cada vez al de mañana.

De un continente oprimido ayer por las potencias coloniales, explotado hoy y mantenido en el retraso y en el subdesarrollo más inicuo por el imperialismo yanqui, surge esa singular figura que se convierte en aliento universal de lucha revolucionaria hasta en las propias metrópolis imperialistas y colonialistas.

Los imperialistas yanquis temen la fuerza de ese ejemplo y todo lo que pueda contribuir a divulgarlo. Es el valor intrínseco del Diario, expresión viva de una personalidad extraordinaria, lección guerrillera escrita al calor y la tensión de cada día, pólvora inflamable, demostración real de que el hombre latinoamericano no es impotente frente a los esclavizadores de pueblos y sus ejércitos mercenarios, lo que les ha impedido hasta hoy darlo a la publicidad.

Pudieran estar también interesados en que este Diario no se conociera nunca. Los seudorrevolucionarios, oportunistas y charlatanes de toda laya, que autoconceptuándose marxistas, comunistas y otros títulos por el estilo, no han vacilado en calificar al Che de equivocado, aventurero, y cuando más begnignamente, idealista, cuya muerte es el canto de cisne de la lucha armada revolucionaria en América Latina. “¡Si el Che —exclaman—, máximo exponente de esas ideas y experimentado guerrillero, fue muerto en las guerrillas y su movimiento no liberó a Bolivia, eso demuestra cuán equivocado estaba…!” ¡Cuántos de estos miserables se habrán alegrado de la muerte del Che, sin sonrojarse siquiera de pensar que sus posiciones y razonamientos coinciden por entero con los de los oligarcas más reaccionarios y el imperialismo!

De este modo se justifican a sí mismos, o justifican a dirigentes traidores que en determinado momento no vacilaron en jugar a la lucha armada con el verdadero propósito —según se pudo ver luego— de destruir a los destacamentos guerrilleros, frenar la acción revolucionaria e imponer sus vergonzosas y ridículas componendas políticas, porque eran absolutamente incapaces de ninguna otra línea; o a los que no quieren combatir, ni combatirán jamás, por el pueblo y su liberación y han caricaturizado las ideas revolucionarias haciendo de ellas opio dogmático sin contenido ni mensaje a las masas, y convertido las organizaciones de lucha del pueblo en instrumentos de conciliación con los explotadores internos y externos, y propugnadoras de políticas que no tienen nada que ver con los intereses reales de los pueblos explotados en este continente.

Che contemplaba su muerte como algo natural y probable en el proceso y se esforzó en recalcar, muy especialmente en sus últimos documentos, que esa eventualidad no impediría la marcha inevitable de la revolución en América Latina. En su mensaje a la Tricontinental reiteró ese pensamiento: “Toda nuestra acción es un grito de guerra contra el imperialismo … En cualquier lugar que nos sorprenda la muerte, bienvenida sea, siempre que ése, nuestro grito de guerra, haya llegado hasta un oído receptivo y otra mano se tienda para empuñar nuestras armas”.

Se consideró a sí mismo soldado de esa revolución, sin preocuparle en absoluto sobrevivir a ella. Los que ven en el desenlace de su lucha en Bolivia el fracaso de sus ideas, con el mismo simplismo pudieran negar la validez de las ideas y las luchas de todos los grandes precursores y pensadores revolucionarios, incluidos los fundadores del marxismo, que no pudieron culminar la obra y contemplar en vida los frutos de sus nobles esfuerzos.

En Cuba, ni la muerte en combate de Martí y de Maceo, a las que siguió más tarde la intervención yanqui cuando finalizaba la Guerra de Independencia, frustrando en lo inmediato el objetivo de sus luchas, ni la de brillantes propugnadores de la revolución socialista como Julio Antonio Mella, asesinado por agentes al servicio del imperialismo, pudieron impedir a la larga el triunfo de un proceso que comenzó hace cien años, y nadie en absoluto podría poner en duda la profunda justeza de la causa y la línea de lucha de aquellos próceres, ni la vigencia de sus ideas esenciales que inspiraron siempre a los revolucionarios cubanos.

En el Diario del Che se pueden apreciar cuán reales eran sus posibilidades de éxito y cuán extraordinario el poder catalizador de la guerrilla, como él consigna en sus apuntes. En cierta ocasión, ante los evidentes síntomas de debilidad y rápido deterioro del régimen boliviano, expresó: “El gobierno se desintegra rápidamente, lástima no tener cien hombres más en este momento”.

Che conocía por su experiencia en Cuba cuántas veces nuestro pequeño destacamento guerrillero estuvo a punto de ser exterminado. Pudo ocurrir así en dependencia casi absoluta de los azares e imponderables de la guerra, mas, tal eventualidad, ¿habría dado a nadie el derecho a considerar errónea nuestra línea y tomarla además como ejemplo para desalentar a la revolución e inculcar en los pueblos la impotencia? ¡Muchas veces en la historia los procesos revolucionarios estuvieron precedidos de episodios adversos! Nosotros en Cuba, ¿no tuvimos acaso la experiencia del Moncada apenas seis años antes del triunfo definitivo de la lucha armada del pueblo?

Para muchos, entre el 26 de julio de 1953, ataque al Cuartel Moncada en Santiago de Cuba, y el 2 de diciembre de 1956, desembarco del “Granma”, la lucha revolucionaria en Cuba frente a un ejército moderno y bien armado carecía de toda perspectiva y la acción de un puñado de luchadores era vista como quimera de idealistas e ilusos “que estaban profundamente equivocados”. La derrota aplastante y la dispersión total del inexperto destacamento guerrillero el 5 de diciembre de 1956 pareció confirmar por entero los pesimistas augurios … Pero, sólo 25 meses después, los restos de aquella guerrilla habían desarrollado ya la fuerza y experiencia necesarias para aniquilar aquel ejército.

Para no luchar habrá siempre sobrados pretextos en todas las épocas y en todas las circunstancias, pero será el único camino de no obtener jamás la libertad. El Che no sobrevivió a sus ideas, pero supo fecundarlas con su sangre. Con toda seguridad sus críticos seudorrevolucionarios, con su cobardía política y su eterna falta de acción, sobrevivirán a la evidencia de su propia estupidez.

Es notable, como se verá en el Diario, que uno de esos especímenes revolucionarios que ya van siendo típicos en América Latina, Mario Monje, esgrimiendo el título de Secretario del Partido Comunista de Bolivia, pretendió discutirle al Che la jefatura política y militar del movimiento. Y puesto que alegó, además, el propósito de renunciar previamente para ello a su cargo partidista, a su juicio, por lo visto, le bastaba el título de haberlo sido para reclamar tal prerrogativa.

Mario Monje, por supuesto, no tenía ninguna experiencia guerrillera ni había librado jamás un combate, sin que por otro lado su autoconceptuación de comunista lo obligase siquiera a prescindir del grosero y mundano chovinismo que ya habían logrado superar los próceres que lucharon por la primera independencia.

Con semejante concepto de lo que debe ser la lucha antimperialista en este continente, tales “jefes comunistas” no han rebasado siquiera el nivel internacionalista de las tribus aborígenes que sojuzgaron los colonizadores europeos en la época de la conquista.

Así, el jefe del Partido Comunista de un país que se llama Bolivia, y su capital histórica, Sucre, en honor de sus primeros libertadores que eran venezolanos uno y otro, que tuvo la posibilidad de contar para la definitiva liberación de su pueblo con la cooperación del talento político, organizador y militar de un verdadero titán revolucionario, cuya causa por demás no se limitaba a las fronteras estrechas, artificiales e incluso injustas de ese país, no hizo otra cosa que entrar en vergonzosos, ridículos e inmerecidos reclamos de mando.

Bolivia, por no tener salida al mar necesita más que ningún otro país, para su propia liberación, sin tener que exponerse a un atroz bloqueo, del triunfo revolucionario de los vecinos. Che era, además, por su prestigio enorme, su capacidad y su experiencia, el hombre que habría podido acelerar ese proceso.

Che había establecido relaciones con dirigentes y militantes del Partido Comunista boliviano, desde antes de producirse en el mismo la escisión, recabando de ellos la ayuda para el movimiento revolucionario en América del Sur. Algunos de esos militantes, autorizados por el Partido, trabajaron con él durante años en diversas tareas. Al producirse la escisión en dicho Partido, se creó una situación especial puesto que varios militantes de los que habían estado trabajando con él quedaron ubicados en uno u otro grupo. Pero Che no concebía la lucha en Bolivia como un hecho aislado sino como parte de un movimiento revolucionario de liberación que no tardaría en extenderse a otros países de América del Sur. Era su propósito organizar un movimiento sin espíritu sectario, para que a él se incorporasen todos los que quisieran luchar por la liberación de Bolivia y demás pueblos sojuzgados por el imperialismo en América Latina. Pero en la fase inicial de preparación de la base guerrillera venía dependiendo fundamentalmente de la ayuda de un grupo de valiosos y discretos colaboradores que al producirse la escisión habían permanecido en el Partido de Monje. Fue por deferencia con ellos que invitó, en primer término, a éste, a visitar su campamento, aunque ciertamente no experimentaba hacia él ninguna simpatía. Después invitó a Moisés Guevara, líder minero y político que se había separado de aquel Partido para cooperar en la formación de otra organización, y que luego también se había marginado de ella inconforme con Oscar Zamora, otro Monje que hacía algún tiempo se había comprometido con el Che a trabajar en la organización de la lucha armada guerrillera en Bolivia, rehuyendo después los compromisos y cruzándose cobardemente de brazos a la hora de la acción, para convertirse con posterioridad a su muerte en uno de sus más venenosos críticos, en nombre del “marxismo-leninismo”. Moisés Guevara se unió sin vacilación al Che, como le había ofrecido desde mucho antes de que éste llegara a Bolivia, le brindó su apoyo y entregó su vida heroicamente a la causa revolucionaria.

Otro tanto hizo el grupo de guerrilleros bolivianos que había permanecido hasta entonces en la organización de Monje. Dirigidos por Inti y Coco Peredo, que después demostraron ser valerosos y destacados combatientes, se apartaron de aquél y respaldaron decididamente al Che. Pero Monje, no satisfecho del resultado, se dedicó a sabotear el movimiento, interceptando en La Paz a militantes comunistas bien entrenados que iban a unirse a las guerrillas. Estos hechos demuestran cómo existen en las filas revolucionarias hombres bien dotados de todas las condiciones necesarias para la lucha, cuyo desarrollo es criminalmente frustrado por dirigentes incapaces, charlatanes y maniobreros.

Che fue hombre al que nunca le interesaron personalmente cargos, mandos ni honores, pero estaba firmemente convencido de que en la lucha revolucionaria guerrillera —fundamental forma de acción para la liberación de los pueblos de América Latina, partiendo de la situación económica, política y social de casi todos los países latinoamericanos— el mando militar y político de la guerrilla debía estar unificado y que la lucha sólo podía ser dirigida desde la guerrilla y no desde cómodas y burocráticas oficinas urbanas. Y en este punto no estaba dispuesto a transigir, ni a entregarle a un inexperto seso-hueco de estrechas miras chovinistas el mando de un núcleo guerrillero destinado a desenvolver en su ulterior desarrollo una lucha de amplia dimensión en América del Sur. Che consideraba que ese chovinismo, que muchas veces infecta a los propios elementos revolucionarios de los diversos países de América Latina, debía ser combatido como un sentimiento reaccionario ridículo y estéril. “Que se desarrolle un verdadero internacionalismo proletario —dijo en su mensaje a la Tricontinental— … la bandera bajo la que se luche sea la causa sagrada de la redención de la humanidad, de tal modo que morir bajo las enseñas de Vietnam, de Venezuela, de Guatemala, de Laos, de Guinea, de Colombia, de Bolivia …, para citar sólo los escenarios actuales de la lucha armada, sea igualmente gloriosa y deseable para un americano, un asiático, un africano, y aún, un europeo. Cada gota de sangre derramada en un territorio bajo cuya bandera no se ha nacido, es experiencia que recoge quien sobrevive para aplicarla luego a la lucha por la liberación de su lugar de origen. Y cada pueblo que se libere es una fase de la batalla por la liberación del propio pueblo que se ha ganado”.

Che pensaba igualmente que en el destacamento guerrillero participasen combatientes de distintos países latinoamericanos y que la guerrilla en Bolivia fuese escuela de revolucionarios que harían su aprendizaje en los combates. A su lado quiso tener para ayudarlo en esa tarea, junto a los bolivianos, un pequeño núcleo de guerrilleros con experiencia, que habían sido casi todos compañeros suyos en la Sierra Maestra, durante la lucha revolucionaria en Cuba, cuya capacidad, valor y espíritu de sacrificio conocía. De esos hombres ninguno vaciló en responder a su solicitud, ninguno lo abandonó y ninguno se rindió.

Che actuó en su campaña de Bolivia con el tesón, la maestría, el estoicismo y la ejemplar actitud que eran proverbiales en él. Puede decirse que impregnado de la importancia de la misión que se había asignado a sí mismo, procedió en todo instante con un espíritu de responsabilidad irreprochable. En aquellas ocasiones en que la guerrilla cometía algún descuido, se apresuraba en advertirlo y enmendarlo, consignándolo en su Diario.

Factores adversos se combinaron increíblemente en su contra. La separación —que debía ser por unos breves días— de una parte de la guerrilla, donde se encontraba un grupo valioso de hombres, algunos de ellos enfermos o convalecientes, al perderse el contacto entre ambos en un terreno sumamente accidentado, se prolongó durante interminables meses, que ocuparon el esfuerzo de Che en su búsqueda. En ese período el asma —una dolencia que solía dominar fácilmente con sencillos medicamentos, pero que faltando éstos se convertía para él en un terrible enemigo— lo atacó despiadadamente, deviniendo esto en un problema serio por el hecho de que las medicinas que previsoriamente había acumulado para la guerrilla fueron descubiertas y ocupadas por el enemigo. Este hecho, unido al aniquilamiento a fines de agosto de la parte de la guerrilla con la que había perdido el contacto, fueron factores que gravitaron considerablemente en el desarrollo de los acontecimientos. Pero Che, con voluntad de acero, se sobrepuso al malestar físico y en ningún instante su acción aminoró, ni decayó su ánimo.

Fueron numerosos sus contactos con los campesinos bolivianos. El carácter de éstos, sumamente desconfiados y cautelosos, no podía sorprender al Che, que conocía perfectamente bien su mentalidad por haberlos tratado en otras ocasiones, y sabía que para ganarlos a su causa se requería una labor prolongada, ardua y paciente, pero no albergaba ninguna duda de que a la larga lo obtendría.

Si se sigue con cuidado el hilo de los acontecimientos se verá que aun cuando el número de hombres con que contaba en el mes de septiembre, algunas semanas antes de su muerte, era muy reducido, todavía la guerrilla mantenía su capacidad de desarrollo y algunos cuadros bolivianos, como los hermanos Inti y Coco Peredo, se iban ya destacando con magníficas perspectivas de jefes. Fue la emboscada de Higueras, única acción exitosa del ejército contra el destacamento que mandaba el Che, matándole la vanguardia e hiriéndole varios hombres más en pleno día, cuando se trasladaban a una zona campesina de mayor desarrollo político —objetivo éste que no aparece consignado en el Diario, pero que se sabe por los sobrevivientes—, lo que les creó una situación insuperable. Ese avance de día por la misma ruta que venían siguiendo durante varias jornadas en inevitablemente amplio contacto con los moradores de aquella zona que cruzaban por primera vez, y la obvia certeza de que el ejército debería interceptarlos en algún punto, era sin duda peligroso. Pero el Che, plenamente consciente de esto, decidió correr el riesgo para ayudar al médico que venía en muy mal estado físico.

El día anterior a la emboscada, escribe: “Llegamos a Pujio, pero allí había gente que nos había visto abajo el día anterior, vale decir: estamos siendo previstos por Radio Bemba …” “El caminar en mulo se hace peligroso, pero trato que el médico vaya lo mejor posible pues viene muy débil”.

Al día siguiente escribió: “A las 13 salió la vanguardia para tratar de llegar a Jagüey y allí tomar una decisión sobre las mulas y el médico”. Es decir, buscaba una solución para el enfermo, a fin de abandonar aquella ruta y tomar las precauciones necesarias. Pero aquella misma tarde, antes de que la vanguardia llegara a Jagüey se produjo la fatal emboscada que llevó al destacamento a una situación insostenible.

Días después, cercado en la quebrada del Yuro, libró su último combate.

Impresiona profundamente la proeza realizada por este puñado de revolucionarios. La sola lucha contra la naturaleza hostil en que desenvolvían su acción constituye una insuperable página de heroísmo. Nunca en la historia un número tan reducido de hombres emprendió una tarea tan gigantesca. La fe y la convicción absoluta en que la inmensa capacidad revolucionaria de los pueblos de América Latina podía ser despertada, la confianza en sí mismo y la decisión con que se entregaron a ese objetivo, nos da la justa dimensión de estos hombres.

Che dijo un día a los guerrilleros en Bolivia: “Este tipo de lucha nos da la oportunidad de convertirnos en revolucionarios, el escalón más alto de la especie humana, pero también nos permite graduarnos de hombres; los que no puedan alcanzar ninguno de estos dos estadíos deben decirlo y dejar la lucha”.

Los que con él lucharon hasta el final se hicieron acreedores a estos honrosos calificativos. Ellos simbolizan el tipo de revolucionarios y de hombres a quienes la historia en esta hora convoca para una tarea verdaderamente dura y difícil: la transformación revolucionaria de América Latina.

El enemigo que enfrentaron los próceres de la primera lucha por la independencia, era un poder colonial decadente. Los revolucionarios de hoy tienen por enemigo al baluarte más poderoso del campo imperialista, equipado con la técnica y la industria más moderna. Ese enemigo no sólo organizó y equipó de nuevo un ejército en Bolivia, donde el pueblo había destruido la anterior fuerza militar represiva y le brindó inmediatamente el auxilio de sus armas y asistentes militares para la lucha contra la guerrilla, sino que brinda su aporte militar y técnico en la misma medida a todas las fuerzas represivas de este continente. Y cuando no bastan esas medidas, interviene directamente con sus tropas, como hizo en Santo Domingo.

Para luchar contra ese enemigo se requiere el tipo de revolucionarios y de hombres de que habló el Che. Sin ese tipo de revolucionarios y de hombres, dispuestos a hacer lo que ellos hicieron; sin el ánimo de enfrentarse a enormes obstáculos que ellos tuvieron; sin la decisión de morir que a ellos los acompañó en todo instante; sin la convicción profunda de la justicia de su causa y la fe inconmovible en la fuerza invencible de los pueblos que ellos albergaron, frente a un poder como el imperialismo yanqui, cuyos recursos militares, técnicos y económicos, se hacen sentir en todo el mundo, la liberación de los pueblos de este continente no sería alcanzada.

El propio pueblo norteamericano, que empieza a tomar conciencia de que la monstruosa superestructura política que rige su país no es ya hace mucho rato la idílica república burguesa que sus fundadores establecieron hace casi doscientos años, está sufriendo en un grado cada vez más alto la barbarie moral de un sistema irracional, enajenante, deshumanizado y brutal, que cobra en el pueblo norteamericano cada vez más víctimas de sus guerras agresivas, sus crímenes políticos, sus aberraciones raciales, su mezquina jerarquización del ser humano y el repugnante derroche de recursos económicos, científicos y humanos de su desmesurado aparato militar, reaccionario y represivo, en medio de un mundo en sus tres cuartas partes subdesarrollado y hambriento.

Pero sólo la transformación revolucionaria de América Latina permitiría al pueblo de Estados Unidos ajustar sus propias cuentas con ese mismo imperialismo, a la vez que en la misma medida la lucha creciente del pueblo norteamericano contra la política imperialista podría convertirlo en aliado decisivo del movimiento revolucionario en América Latina.

Y si esta parte del hemisferio no sufre una profunda transformación revolucionaria, la enorme diferencia y desequilibrio que se produjo a principios de este siglo entre la pujante nación que se industrializaba rápidamente, al mismo paso que marchaba por la propia ley de su dinámica social y económica hacia cumbres imperiales, y el haz de países débiles y estancados, sometidos a la coyunda de oligarquías feudales y sus ejércitos reaccionarios, en el balcanizado resto del continente americano, será apenas un pálido reflejo no ya del enorme desnivel actual en la economía, en la ciencia y en la técnica, sino del espantoso desequilibrio que, a pasos cada vez más acelerados, en veinte años más, la superestructura imperialista impondrá a los pueblos de América Latina.

Por ese camino estamos llamados a ser cada vez más pobres, más débiles, más dependientes y más esclavos de ese imperialismo. Esta sombría perspectiva afecta en grado igual a los pueblos subdesarrollados de África y Asia.

Si las naciones industrializadas e instruidas de Europa, con su Mercado Común y sus instituciones científicas supranacionales, se inquietan ante las posibilidades de quedarse rezagadas y contemplan con temor la perspectiva de convertirse en colonias económicas del imperialismo yanqui, ¿qué le depara el futuro a los pueblos de América Latina?

Si frente al cuadro de esta situación real e incuestionable, que decisivamente afecta al destino de nuestros pueblos, algún liberal o reformista burgués, o seudorrevolucionario charlatán, incapaz de la acción, tiene una respuesta que no sea una profunda y urgente transformación revolucionaria que pueda hacer acopio de todas las fuerzas morales, materiales y humanas de esta parte del mundo y lanzarlas hacia adelante, para recuperar el atraso económico y científico-técnico de siglos, cada vez mayor, con el mundo industrializado, del que somos tributarios y lo seremos cada vez más, y en especial de Estados Unidos; y además de la fórmula, el camino mágico de llevarla a cabo, diferente a la concebida por el Che, que barra oligarquías, déspotas, politicastros, es decir: criados, y a monopolios yanquis, es decir: amos, y lo haga con toda la urgencia que las circunstancias requieren, que levante entonces la mano para impugnar al Che.

Como realmente ninguno tiene respuesta honrada ni acción consecuente que implique una esperanza real a los casi 300 millones de seres humanos que componen la población de América Latina, desoladoramente pobres en su abrumadora mayoría, que serán 600 millones a la vuelta de 25 años, y que tienen derecho a la vida material, la cultura y la civilización, entonces lo más decoroso sería el silencio ante el gesto del Che y los que con él cayeron defendiendo sus ideas con coraje, porque la hazaña que este puñado de hombres realizó, guiados por el noble ideal de redimir un continente, quedará como la prueba más alta de lo que pueden la voluntad, el heroísmo y la grandeza humanas. Ejemplo que iluminará las conciencias y presidirá la lucha de los pueblos de América Latina, porque el grito heroico del Che llegará hasta el oído receptivo de los pobres y explotados por los que él dio su vida, y muchos brazos se tenderán para empuñar las armas y conquistar su definitiva liberación.

El 7 de octubre escribió el Che sus últimas líneas. Al día siguiente, a las 13 horas, en una estrecha quebrada donde se proponía esperar la noche para romper el cerco, una numerosa tropa enemiga hizo contacto con ellos. El reducido grupo de hombres que componían en esa fecha el destacamento, combatió heroicamente hasta el anochecer desde posiciones individuales ubicadas en el lecho de la quebrada y en los bordes superiores de la misma contra la masa de soldados que los rodeaban y atacaban. No hay ningún sobreviviente de los que combatieron en las posiciones más próximas al Che. Como junto a él estaban el médico, cuyo grave estado de salud se ha señalado antes y un guerrillero peruano también en muy malas condiciones físicas, todo parece indicar que el Che hizo el máximo para proteger la retirada a lugar más seguro, de esos compañeros, hasta caer herido. El médico no fue muerto en ese mismo combate, sino varios días más tarde, en un punto no distante de la quebrada del Yuro. Lo abrupto del terreno rocoso e irregular hacía muy difícil y a veces imposible el contacto visual de los guerrilleros entre sí. Los que defendían la posición por la otra entrada de la quebrada a varios cientos de metros del Che, entre ellos Inti Peredo, resistieron el ataque hasta el oscurecer en que lograron despegarse del enemigo y dirigirse hacia el punto previamente acordado de concentración.

Se ha podido precisar que el Che estuvo combatiendo herido hasta que el cañón de su fusil M-2 fue destruido por un disparo, inutilizándolo totalmente. La pistola que portaba estaba sin “magazine”. Estas increíbles circunstancias explican que lo hubiesen podido capturar vivo. Las heridas de las piernas le impedían caminar sin ayuda, pero no eran mortales.

Trasladado al pueblo de Higueras permaneció con vida alrededor de 24 horas. Se negó a discutir una sola palabra con sus captores, y un oficial embriagado que intentó vejarlo recibió una bofetada en pleno rostro.

Reunidos en La Paz, Barrientos, Ovando y otros altos jefes militares, tomaron fríamente la decisión de asesinarlo. Son conocidos los detalles de la forma en que procedieron a cumplir el alevoso acuerdo en la escuela del pueblo de Higueras. El mayor Miguel Ayoroa y el coronel Andrés Selnich, rangers entrenados por los yanquis, instruyeron al sub-oficial Mario Terán para que procediera al asesinato. Cuando éste, completamente embriagado, penetró en el recinto, Che —que había escuchado los disparos con que acababan de ultimar a un guerrillero boliviano y otro peruano— viendo que el verdugo vacilaba le dijo con entereza: “¡Dispare! ¡No tenga miedo!” Éste se retiró, y de nuevo fue necesario que los superiores Ayoroa y Selnich le repitieran la orden, que procedió a cumplir, disparándole de la cintura hacia abajo una ráfaga de metralleta. Ya había sido dada la versión de que el Che había muerto varias horas después del combate y por eso los ejecutores tenían instrucciones de no disparar sobre el pecho ni la cabeza, para no producir heridas fulminantes. Esto prolongó cruelmente la agonía del Che, hasta que un sargento —también ebrio— con un disparo de pistola en el costado izquierdo lo remató. Tal proceder contrasta brutalmente con el respeto del Che, sin un sola excepción, hacia la vida de los numerosos oficiales y soldados del ejército boliviano que hizo prisioneros.

Las horas finales de su existencia en poder de sus despreciables enemigos tienen que haber sido muy amargas para él; pero ningún hombre mejor preparado que el Che para enfrentarse a semejante prueba.

La forma en que llegó a nuestras manos este Diario no puede ser ahora divulgada; baste decir que fue sin mediar remuneración económica alguna. Contiene todas las notas que escribió desde el 7 de noviembre de 1966, día en que el Che llegó a Ñancahuazú, hasta el 7 de octubre de 1967, vísperas del combate de la quebrada del Yuro. Faltan sólo unas pocas páginas que no han llegado todavía a nuestro poder, pero que por corresponder a fechas en que no tuvieron lugar hechos de importancia, no altera en absoluto el contenido del mismo.

Aunque el documento por sí mismo no ofrecía la menor duda acerca de su autenticidad, todas las copias fotostáticas fueron sometidas a un riguroso examen a fin de comprobar no sólo dicha autenticidad sino incluso cualquier posible alteración, por pequeña que fuese. Los datos fueron además cotejados con el Diario de unos de los guerrilleros sobrevivientes, coincidiendo ambos documentos en todos los aspectos. El testimonio pormenorizado de los demás guerrilleros sobrevivientes que fueron testigos de cada uno de los acontecimientos, contribuyó asimismo a la comprobación. Se llegó a la más absoluta certeza de que todas las fotografías eran copia fiel del Diario del Che.

Constituyó una fatigosa tarea desentrañar la letra pequeña y difícil de la escritura, lo que se realizó con la participación laboriosa de su compañera Aleida March de Guevara.

El Diario será publicado en forma aproximadamente simultánea en: Francia, por Editorial Francois Maspero; Italia, Editorial Feltrinelli; RFA, Trikont Verlag; EUA, Revista Ramparts; Francia, en español, Ediciones Ruedo Ibérico; Chile, Revista Punto Final; México, Editorial Siglo XXI; y en otros países.

¡Hasta la victoria siempre!

Fidel Castro

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Ernesto Guevara en lo más profundo

He visto al niño y al joven empinar sus ojos hacia la estatua del Comandante Ernesto Che Guevara que, al pasar las nubes, parece que avanza hacia Sudamérica; frente a su nicho he observado la lágrima desprendida de sus corajudos compañeros de batallas, la emoción de jefes de Estado, de renombrados intelectuales y hasta del ser más humilde. He tenido el gran privilegio de estar allí desde los inicios de la construcción del Monumento; en su inauguración, cuando llegaron los restos del Comandante Guevara y sus hermanos de lucha, y en cada ocasión en que miles de villaclareños les rinden tributo.

Este 8 de octubre se cumplieron 45 años de su caída en combate en tierras bolivianas, pero cada día resurge más renovado este hombre dotado del encanto supremo de motivar a unos y otros.

Son muchísimos los gestos impactantes sobre la admiración y el cariño que se le profesa al Comandante, que he presenciado a lo largo de casi 15 años. Y los hay que se clavan en la memoria.

El instante más especial, solemne e íntimo que viven los visitantes sobreviene en el recinto donde reposan los guerrilleros, un espacio sencillo que semeja la selva boliviana.

Frente al nicho del Che Guevara hay a quienes les brotan las lágrimas, parejas que se abrazan o susurran y otros que muestran en sus rostros signos de abatimiento.

Inusitada colección

Resulta difícil, a estas alturas, tener la dicha de encontrar algo inédito que contar. Sin embargo, siempre hay historias menos conocidas, como esa de muchísimos que asumen el homenaje al Che en la intimidad más absoluta.

Personas de los más disímiles países le donan objetos de particular valor sentimental, y en la actualidad sobrepasan los 700. La muestra la integran poemas, canciones, cartas, flores, banderas, prendas personales, condecoraciones, dibujos de niños, pinturas al óleo, velas …

El Centro de documentación del Complejo Escultórico registró, como el primer objeto de esta colección, a los pocos días de la llegada de los restos del Che, una flor roja enviada por Chichina Ferreira, la primera novia del Comandante Guevara. La envió con su amiga, Lilia G. Chávez, quien a su vez le dedicó un poema titulado Tu final .

El 8 de octubre de 2000, la boliviana Lena Vicente depositó un búcaro con un ramillete de flores y dos banderas, una cubana y otra boliviana, en el que grabó unas palabras dedicadas al guerrillero Casildo Condorí Coche. Este gesto lo tuvo poco tiempo después de conocer que éste era su verdadero padre, y que su madre, por protección, lo ocultó justo hasta ese entonces.

Un chileno envió la llave con que se evadió de la prisión en los tiempos de la sangrienta dictadura de Pinochet, porque prometió ofrecérsela al Guerrillero Heroico dondequiera que éste se encontrara y en el momento en que le fuera posible hacerlo.

Hay historias tristes también, que vale la pena desempolvar de nuevo, como la de un matrimonio alemán que gracias a una organización de solidaridad con Cuba pudo viajar a Santa Clara para cumplir un encargo sagrado de su hija Julia Lorez, muerta a los 17 años.

Ella les había pedido a sus padres que si moría debían depositar ante los restos de Guevara un recipiente de cerámica, una foto suya y un poema. Los padres lloraron el día que cumplieron la petición de su hija, pero les reconfortó haber cumplido el compromiso, según declararon.

El alcalde de la ciudad griega de Byron le trajo al Comandante Guevara un escudo de esa localidad. Dijo que lo hacía porque el gran poeta inglés luchó por la libertad de Grecia, y fue un internacionalista como el Che: «Ese hombre que merece honor por sus ideas», dejó consignado en el libro de visitantes.

Entre esos modos impredecibles del ser humano de expresar su admiración está el de los franceses Muriel Jeanne Paulette Couzi y Philippe Maurice Benoit, quienes celebraron su boda allí. Se les veía dichosos aquel día en el que declararon que habían cumplido el sueño de sus vidas.

Uno de los objetos más originales y llamativos lo constituye el enviado por unos campesinos bolivianos que en la semilla de una fruta de durazno plasmaron el rostro del Che.

Son sólo simples ejemplos de las numerosísimas ofrendas que conforman hoy la peculiar colección que posee un valor sentimental y hasta artístico. Esto reafirma, además, la admiración que las grandes mayorías le profesan al Guerrillero Heroico.

El mayor orgullo de mi vida

En el salón de protocolo del Complejo escultórico destinado al recibimiento de las personalidades, se establece con el visitante el contacto inicial. Éste le permite conocer generalidades de la vida económica, política, social y cultural de Villa Clara, además de que se le proyectan documentales relacionados con el Che.

Allí se inauguró el libro de visitantes el 17 de octubre de 1997, cuando llegaron los restos del Che. Fidel escribió aquel día: ¡Hasta la victoria siempre!, mientras Raúl le dedicó un ¡Hasta siempre Comandante!

Comenzó así una tradición que ha permitido que innumerables personalidades de la política, la cultura y el deporte expresen sus más íntimos sentimientos de admiración al Guerrillero Heroico.

El libro ha dejado ya para la historia un testimonio valiosísimo sobre el Che. Aquí les va un pequeño muestrario de lo hilvanado y escrito en medio de la emoción.

«Tu pueblo que es mío», decía el Che a Fidel … y ¡cuánto aportó a la obra revolucionaria en los breves años que estuvo entre nosotros! ¡Y cuán valiosas sus enseñanzas, su ejemplo, vivos hoy en la conciencia de éste, su pueblo; presentes en lo mejor de la formación de cada nueva generación de cubanos!

«Que siga siendo por siempre este lugar donde se atesoren sus reliquias, los recuerdos de su vida, consecuente siempre con sus convicciones, lugar donde niños y jóvenes puedan beber de su ejemplo. (Vilma Espín de Castro).

«Hace algún tiempo visito este lugar, desde octubre pasado no volvía, es difícil, yo no voy casi nunca al lugar donde quedan los restos de los hombres, prefiero los lugares donde la vida florece por el recuerdo de esos hombres, pero algo especial me sucede aquí, es donde reposan los restos de mi papá y sus compañeros, pero no reposan en paz, pues por la patria en pie resplandecen y trabajan. Aprovecho para agradecer a mi pueblo su amor y respeto a mi padre y les aseguro mi entrega total a la causa más hermosa: la dignidad plena del hombre». (Aleida Guevara March, Estefanía Machín Guevara y Celia Machín Guevara).

«Che: Siento en prosa lo que el genio poético de Ernesto siente en versos. Che: la poesía es tu vida. Gracias, Che». (Armando Hart Dávalos).

«En este lugar magnífico donde la muerte no existe y la vida sigue a torrentes, donde está el ejemplo exigente de los combatientes latinoamericanos encabezados por el Che, sentimos que los sueños más nobles son realizables, si hay seres humanos más revolucionarios íntegros como el Che». (Gladys Marín, secretaria del Partido Comunista de Chile).

«He sentido el mayor orgullo de mi vida al contemplar la imagen de mi foto cubriendo la lápida del “Guerrillero Heroico”. Esto vale una vida». (Korda, fotógrafo cubano que hizo la foto más impresionante y conocida del Che).

«Se sobrecoge el corazón al visitar este hermoso monumento a la memoria de nuestro Che y de sus heroicos compañeros». (Sergio Vitier, destacado compositor y músico).

«En nombre de Fabio, el muchacho de Copacabana. Che: fue víctima de una bomba el 4 de septiembre de 1997. Los mandantes confesos de la mafia cubanoamericana nunca fueron juzgados y esperamos justicia en tu nombre porque mi hijo te adoraba». (Giustino Di Celmo, padre de Fabio Di Celmo, joven italiano víctima de un atentado terrorista).

«Nunca la historia se vuelve tan aplastante como al entrar a este lugar. Se sienten los gritos de combate, el galope de Rocinante, el tableteo de ametralladoras victoriosas.

«Jamás existirá un lugar más apropiado para gritar a los cuatro vientos Hasta la victoria siempre». (Inti Peredo, hijo de Inti Peredo, combatiente de la guerrilla boliviana).

«Como argentino, como cubano vocacional, como latinoamericano, vengo a rendir homenaje al Che, que nos enseñó a todos a ser mejores, que nos hizo comprometernos para siempre con el destino de nuestro pueblo. Y me marcho conmovido de este extraordinario monumento que lo recuerda junto a sus compañeros. Por la memoria y la lucha, siempre». (Miguel Bonasso, escritor argentino).

Así, entre estas sentidas ofrendas, Che Guevara está colosal, desde que partió, con nuevos bríos, desde la selva boliviana.

Boltxe [4].

Serie: El Che en Bolivia documentos y testimonios

- Tomo I - Su diario de campaña

- Tomo II - Los otros diarios

- Tomo III - Su último combate

- Tomo IV - ¿Traición del PCB?

- Tomo V - Pensamiento Boliviano

Che Guevara en Papeles de Sociedad

- Socialismo y moral revolucionaria: Ernesto ’Che’ Guevara // ’Obras escogidas’, "Palabras sobre el Socialismo", "Contra el burocratismo" y "La guerra de guerrillas"

(13 de octubre de 2012)


[1Evo Morales dedica el triunfo de Hugo Chávez al Che Guevara, muerto hace 45 años

La Paz, EFE, 8 de octubre de 2012

"Un triunfo dedicado al ’Che’. Ocho de octubre es una fecha histórica", dijo Morales en una rueda de prensa en la que insistió en que la victoria de Chávez es "del pueblo latinoamericano antiimperialista, anticapitalista, antineoliberal" porque estos son "tiempos de los pueblos" y no de los "imperios".

Subrayó que se trata de un "triunfo rotundo, impresionante" y que Venezuela vivió una gran fiesta democrática en unas "elecciones transparentes", por lo que el único candidato opositor, Henrique Capriles, reconoció la reelección de Chávez.

Reiteró, como dijo anoche, que es una victoria sobre todo de los países de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América (Alba), bloque que incluye a Venezuela, Bolivia, Ecuador, Nicaragua, San Vicente y las Granadinas, Dominica y Antigua y Barbuda.

"En Venezuela no hay dictaduras, ni autoritarismo como intentan posicionar algunos medios de comunicación, sino más bien (el triunfo) es un reconocimiento de la gestión del presidente Chávez por los pueblos que han sido beneficiados con este proceso", agregó.

Para el presidente Morales, el proceso de transformaciones en Latinoamérica es "imparable" y quienes creen que se acabará el "socialismo del siglo XXI" están equivocados.

El mandatario es un admirador del Che Guevara, asesinado el 9 de octubre de 1967 por un sargento del Ejército boliviano, tras haber sido detenido herido un día como hoy al fracasar el foco guerrillero que dirigió en el sureste de Bolivia.

Morales agregó que no ha logrado comunicarse hasta ahora con su colega Chávez pero insistirá para ratificarle sus felicitaciones.

Qué!.

[2El Diario del Che en Bolivia

Detalles

Transcripción cotejada con el manuscrito original

Carlos Soria Galvarro T.

Hasta ahora el diario del Che ha sido publicado muchísimas veces, en diversos idiomas. En nuestra lengua, lo que se hizo por lo general fueron reimpresiones de la edición cubana original de 1968. Con más o menos ilustraciones, con más o menos notas aclaratorias, en formatos diferentes y con no pocos errores tipográficos incorporados a lo largo de sucesivas impresiones, esa trascripción, tomada del microfilm de las copias fotostáticas, enviado a Cuba por Antonio Arguedas, era la única que podía utilizarse como fuente.

Ahora la situación es otra, los originales están más o menos a la luz del día gracias a la edición facsimilar. Por eso, la presente edición (sólo digital por el momento) es diferente a todas las demás. Es más completa, pues incluye diversos documentos registrados por el Che en el anverso del cuaderno anillado en el que anotó los dos primeros meses de su diario (noviembre y diciembre de 1966).

Y contiene un apreciable valor agregado por sus notas aclaratorias, el ensayo inicial y las fichas biográficas. Es una edición pensada en los lectores contemporáneos. Además, indiscutiblemente, es la más próxima a la fidelidad absoluta por el cuidado con el que se cotejó la trascripción con la imagen digital de los originales.

La única libertad que nos hemos tomado es la de colocar algunas tildes ausentes en el manuscrito que, por lo demás, ya se incorporaron en la primera edición de 1968 y en todas las posteriores.

Las notas de pié de página incluidas son las estrictamente imprescindibles. Se refieren a los siguientes aspectos:

a) Los nombres de los personajes que aparecen mencionados tanto en el diario como en el resto de la documentación o que tuvieron relación directa con los hechos. Esto se complementa con un Índice Biográfico en orden alfabético que va al final del texto.

b) Situaciones que, si no se aclaran, serían poco comprensibles para los lectores contemporáneos.

c) Nombres locales que necesitan ser explicados (por ejemplo, no todos saben qué es un ¨batey¨ en Cuba, o un ¨choclo¨ en Bolivia).

d) Algunos lapsus del propio Che, cuando por ejemplo escribe Caranavi en vez de Camiri (12 de diciembre).

Para la redacción de estas notas, como es natural, se han tomado en cuenta y a la vez depurado, los aportes de las ediciones anteriores, principalmente la de Adys Cupull y Froilán González (La Habana, 1988), la edición ilustrada en italiano al cuidado de Roberto Massari (Diario di Bolivia, 1996), la llamada - edición autorizada - (Centro de Estudios Che Guevara - Ocean Press Ocean Sur. Bogotá, 2006), y las que hicimos nosotros en Bolivia (CEDOIN, 1996 y La Razón, 2005).

Para las notas biográficas, especialmente de los combatientes cubanos, fueron tomados muchos datos de la mencionada edición del Diario del Che de Adys Cupull y Froilán González y también del libro ―Seguidores de un sueño - de la periodista cubana Elsa Blaquier Ascaño.

En una de esas recientes ediciones del diario así como en otras publicaciones se han usado textualmente —sin indicar la fuente— muchas de estas fichas que ahora se incluyen en el Índice Biográfico. Incluso si se tratara solamente del uso de datos aislados lo correcto es mencionar la procedencia, mucho más aún si se hace una copia literal de la redacción, como ocurre en este caso. Cabe señalar que estas notas las venimos elaborando, puliendo, completando y ampliando desde hace más de 20 años, se publicaron por primera vez en el Informe ―R de CEDOIN y en el semanario ―Aquí - en 1987, así como en las dos ediciones bolivianas del Diario del Che antes mencionadas (1996 y 2005).

Los lectores que conozcan la edición en facsímile (2009) podrán apreciar que en el manuscrito original aparecen algunos elementos extraños. Primero, tanto en el cuaderno anillado como en la agenda alemana hay frases subrayadas con lápiz rojo para destacar las referencias a diferentes personajes, especialmente a Debray y Bustos, que estaban siendo juzgados en Camiri por un Tribunal Militar. Segundo, en el cuaderno anillado en la parte inferior al centro, aparece una numeración con lápiz rojo página tras página. Estos subrayados y numeraciones fueron colocados por los militares que manipularon el documento en los días posteriores a su incautación.

En el cuaderno anillado hay una otra numeración, en la parte superior derecha con tinta oscura en las hojas impares (anverso). Asimismo, en la agenda alemana aparece también sólo en las páginas impares con tinta oscura una numeración en la parte superior derecha, desde y hasta las portadillas. Los editores del Ministerio boliviano de Culturas, con un criterio a todas luces equivocado, borraron esa numeración para la edición facsimilar.

Entonces, corresponde afirmar que esta publicación no es una copia enteramente fiel del manuscrito original del diario del Che, tal cual se ha conservado hasta el presente. Lo correcto era publicarlo sin ningún género de añadiduras, supresiones o enmiendas, ni siquiera de aquello que se presume habría sido introducido por los militares.

No obstante, al conocerse por fin —mediante la magnífica edición facsimilar a todo color— los manuscritos del Che con toda la fidelidad y el colorido que permiten las actuales tecnologías de impresión, se alcanza una mayor cercanía a uno de los personajes latinoamericanos más sobresalientes del siglo XX, cuya imagen y prédica han llegado al siglo XXI trasfigurados en las mejores aspiraciones colectivas de solidaridad, igualdad, humanismo e independencia de los pueblos. Al leer directamente los textos del Che tal como fueron escritos en los avatares cotidianos de la guerrilla –la trascripción que presentamos enseguida sólo pretende ser una modesta ayuda para lograrlo– se consigue penetrar en la intimidad del jefe guerrillero, el hombre que renunció a todo, incluida su propia vida, en aras de un continente liberado y con justicia social.

Desde el primer día de su llegada a Ñacahuasu, hasta la víspera de su captura, no hay un solo día en el que el Che no haya dejado escritas de manera metódica sus impresiones, dificultades, sobresaltos, preocupaciones sobre la alimentación de su tropa, tragedias, como la muerte de Rolando o Tuma, y también alegrías, como la de recordar los cumpleaños de sus seres queridos. Sus apuntes cotidianos, sin faltar un solo día, no fueron escritos para ser publicados, para lanzar mensajes a la posteridad o para dar forma literaria a sus pensamientos más íntimos. Se trata de un diario sin segundos fines, como lo destaca Roberto Massari en su prólogo a la edición italiana de 1996, pero a la manera de Don Quijote, personaje entrañable para Che desde su primera juventud. Un diario de campaña, militar, operativo, logístico, que recuerda diarios célebres de campaña como los de Jenofonte, Julio César, el general Custer, José Martí, Colón o tantos exploradores y viajeros solitarios de la aventura humana.

Como periodistas, quienes nos ocupamos de este tema, somos trabajadores de la memoria. Existen numerosos afluentes a tomarse en cuenta en el intento de aproximarse, así sea de forma imaginaria, a los hechos del pasado o a su interpretación. Pero el documento escrito es irremplazable en esa faena. En tal sentido, valoramos muy en alto lo que significa poder visualizar el manuscrito original del diario del Che en Bolivia retratado en todas y cada una de sus páginas. Y consideramos un verdadero privilegio la oportunidad que tuvimos de verificar su trascripción tan cuidadosamente como nos fue posible, aunque no podemos dejar de lamentar que dicha edición facsimilar no haya aparecido desde el primer momento acompañada de su correspondiente trascripción en letras de imprenta.

Habíamos acariciado por más de quince años la idea de publicar de esa manera en Bolivia estos documentos del Che. Con la edición facsimilar cuyo responsable es el Ministerio de Culturas de Bolivia, se ha logrado por fin dar un paso y quebrar el aparente maleficio que impidió culminar con éxito dos intentos anteriores. No dudamos que, aunque todavía restringida esta publicación facsimilar, terminará por ser conocida y apreciada por los grandes públicos de todo el mundo, como corresponde. De ahí la pertinencia de la trascripción que ofrecemos ahora a los lectores.

La tarea de realizarla fue asumida por nosotros con enorme placer y dedicación y de una manera estrictamente voluntaria, en el mejor espíritu de contribuir a preservar la memoria histórica de acontecimientos y personajes que impactaron con fuerza en varias generaciones de la centuria anterior y que se han proyectado con nuevas luces hacia el presente. La magnitud y trascendencia de estos materiales exigían el máximo rigor documental y esa fue precisamente la norma que nos impusimos.

Valencia, Municipio de Mecapaca (La Paz), diciembre de 2009

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El Diario del Che en Bolivia

Contenido

Historia de un documento excepcional - Carlos Soria Galvarro 2

“Secreto” a punto de ser vendido 2

Arguedas: un personaje insólito, por decir lo menos 4

¿Quién era “El Mensajero”? 5

Un ministro en apuros 6

La vuelta al mundo en 30 días 8

Las manos amputadas y la mascarilla 10

Revelaciones de Arguedas y su muerte atroz 10

Los originales: otro periplo truculento 11

Un juego de ping-pong 12

Final feliz ... bajo siete llaves 14

Errores y alteraciones en ediciones anteriores 16

Edición boliviana cotejada con los originales 17

Una introducción necesaria Fidel Castro Ruz 21

(Noviembre - diciembre 1966. Cuaderno Anillado) 31

Noviembre 31

Diciembre 40

(Enero – octubre 1967. Agenda Alemana) 51

Enero 51

Febrero 71

Marzo 86

Abril 103

Mayo 123

Junio 138

Julio 154

Agosto 169

Septiembre 182

Octubre 202

(Lista de libros en páginas finales de la agenda alemana) 207

(Documentos, reverso del cuaderno anillado) 213

Índice Biográfico - Carlos Soria Galvarro 235.

[3Manuscrito original del Diario del Che en Bolivia

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¿Imaginó usted alguna vez que podría leer directamente el manuscrito del Diario del Che en Bolivia?

Pues gracias a los avances de la tecnología ahora puede hacerlo. Basta con que haga click aquí

Tendrá una imagen virtual de los documentos tal cual de puño y letra los escribió Ernesto Guevara de la Serna, más conocido como el Che.

- Para facilitarse la lectura le sugerimos acudir a la transcripción del Diario (del escrito a mano a las letras de imprenta). Encontrará allí una historia completa del Diario; la conocida “Introducción Necesaria” escrita por Fidel Castro; muchas notas aclaratorias que ayudan a comprender hechos y situaciones de la época y un índice alfabético de los personajes relacionados con el tema. Además, y esto es muy importante, en esa trascripción digital se enmendaron numerosos errores y alteraciones que se habían venido arrastrando y acumulando desde la primera edición de 1968. No en vano se cotejó cuidadosamente esa trascripción con la imagen digital de los originales que ahora está disponible.

Por supuesto, ingresar tanto al facsímil como a la transcripción y descargarlos, es completamente gratuito, acorde con el pensamiento guevariano de que la cultura debe estar al alcance de todos y mucho menos pueden ser objeto de comercialización documentos históricos como éstos.

Trayectoria de este propósito

En octubre de 2009 el Ministerio de Culturas de Bolivia entregó una edición facsimilar impresa del Diario del Che. En realidad, hizo una bellísima réplica de los dos documentos originales: uno, el cuaderno anillado donde están los apuntes diarios desde el primer día, 7 de noviembre, hasta el 31 de diciembre de 1966, más otros documentos que van en el anverso; y dos, la agenda alemana donde están las anotaciones del 1 de enero al el 7 de octubre de 1967, día anterior a su captura en la quebrada del Churo.

Como es natural, esta edición facsimilar impresa tiene un alcance limitado, no puede llegar al gran público de todos los países. El único medio para alcanzar este objetivo es el Internet. Eso explica el por qué de este emprendimiento.

El responsable de llevarlo a la práctica es Carlos Soria Galvarro, periodista, inclinado a investigar temas históricos.

Por razones generacionales, por su cercanía a los hechos y personajes y por esa inclinación profesional, desde mediados de los años 80, Soria Galvarro empezó a difundir el resultado de sus investigaciones y el acopio de material documental.

Entre 1991 y 1994 publicó con CEDOIN la primera edición de “El Che en Bolivia” en cinco volúmenes. La segunda edición la hizo el periódico “La Razón” en septiembre-octubre de 2005 en cinco entregas semanales.

A lo largo de estos años también publicó muchos artículos, dictó conferencias e hizo diversas presentaciones sobre el tema.

Su afán investigativo llevó a Soria Galvarro en dos oportunidades, febrero y octubre de 1996, a trabajar directamente con los originales que se guardan en las bóvedas del Banco Central. Allí obtuvo gran cantidad de fotografías que le permitieron dar a conocer documentos que habían permanecido inéditos por casi tres décadas, entre otros el manuscrito original del diario de Pombo, las evaluaciones trimestrales que el Che hacía de todo su personal y una sugestiva lista de libros que se leían en la guerrilla (ver volumen 2 de la de la serie “El Che en Bolivia”, 2005). Tanto en esa ocasión como después, en 2004, estuvo a punto de lograr una edición facsimilar completa del Diario del Che.

En ambos intentos y a lo largo de todo el trabajo investigativo acumuló la imagen documental que es la base para la presente publicación. La imagen del Diario del Che y otros documentos que lo acompañan están ahora a su disposición.

¡A través de la magia de su escritura disfrute de la compañía de uno de los personajes más emblemáticos del Siglo XX!.