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Jaime Richart, Argenpress
17 de noviembre de 2009

Europa termina en los pirineos [18/11/09]

Miércoles 18 de noviembre de 2009, por Redacción

La clerigalla fuerza a que España en su conjunto siga la lucha de la cristiandad contra el ateísmo, el agnosticismo y la profanidad. España sigue siendo el principal bastión mundial del crucifijo contra los infieles y contra la civilización islámica pese a las alianzas inventadas. Por eso no debe extrañar lo que pueda ocurrirles aquí todavía a marranos, a moriscos, a islamistas y a descreídos. No hay Inquisición material, pero sus efectos se dejan sentir subterráneamente como movimientos sísmicos de intensidad variable.

Y digo España y no una parte de ella, porque no sólo es el clero talibán, que es el que gobierna el espacio sagrado de una religión que se extingue lentamente.

También el gobierno pone de su parte todo lo que puede para mantener la influencia y la presencia de grupúsculos activos de la causa político-religiosa, como es la «Conferencia Episcopal» trajinada por ese fascista gallego que apartó Dios sabe con qué artes a un purpurado moderado como era Blázquez.

Europa termina en los Pirineos porque no es normal a estas alturas de la democracia a la que ofende el contubernio, que unos cuantos muyadines decidan la suerte de la sociedad en muchas cosas más allá del ámbito de su competencia, que es cada templo, y el de su atención, el feligrés.

Y menos normal que las salidas de madre de ese siniestro grupúsculo es, la connivencia del gobierno con él haciendo papel mojado la constitución cuyo artículo 16 establece que "ninguna confesión tendrá carácter estatal".

Pues connivencia es sufragar con 25 millones de euros el costo, 50 millones, la visita (que además es privada y no como jefe de Estado) del papa a Madrid en 2011.

Connivencia es no haber denunciado el «Concordato» entre el Estado y el Vaticano que rige desde tiempos del dictador.

Connivencia es darle el Estado dinero para que no se enfrente a él o si se enfrenta que no sea demasiado duro.

Connivencia es consentir el gobierno a esta Iglesia católica reducida aquí a un lobby manejado por un fascista convicto y confeso, lo que varias sociedades islamistas consienten a sus clérigos.

Connivencia es convertir a la sociedad y al Estado con sus gobiernos dentro, que esta ficticia democracia sea una semiteocracia.

Y burla es obligar al ya sufrido pueblo por tantas razones, a tragar y a asistir al espectáculo obsceno de una gobernación y una oposición que, humillándose, se someten en cuestiones cruciales de costumbres, como el aborto y la eutanasia, a los dictados o la presión de unos paniaguados que ven cómo la historia sagrada y la teodicea han dejado de despertar interés a la inmensa mayoría de españoles

Y es que España dejó hace mucho de ser católica, pero en pleno siglo XXI un par de chamanes purpurados, por un lado, y un puñado de caciques más o menos ilustrados, por el otro, se empeñan en que sin ser católico este país, siga pareciéndolo.

Queda mucho tiempo para que en España el rebaño católico, como en la Europa Vieja, se limite a pacer o a ramonear sólo dentro de los confines de su aprisco.

Hasta que eso suceda, este país sólo tendrá interés turístico como tantos otros de otros continentes que para nada pueden contar, por cosas graves como ésta, en el concierto de las naciones.

- Fuente: Argenpress.