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Estados Unidos es líder mundial en encarcelar a sus ciudadanos, sobre todo si son negros

Miércoles 9 de septiembre de 2009, por Redacción

De acuerdo con las estadísticas recién publicadas por el Departamento norteamericano de Justicia, según declaró ayer David Fathi, director del programa para Estados Unidos de la organización humanitaria Human Rights Watch, a fecha de 30/06/2007 unos 2,3 millones de personas (más que en cualquier otro país en el mundo y más que nunca en su historia) estaban en prisión, lo que supone 762 encarcelados por cada 100.000 habitantes y la confirmación de que los USA son indiscutibles líderes mundiales en lo que a personas encarceladas se refiere. Realidad que se agrava aún más en el caso de las minorías raciales: la población reclusa negra es 6 veces superior a la blanca, hasta el punto de que casi el 11% de los afroamericanos con edades comprendidas entre los 30 y los 34 años se encontraban en esa fecha en prisión.

Human Rights Watch muestra su preocupación porque cada vez es más alto el porcentaje de personas recluídas en las cárceles norteamericanas sobre la población total, especialmente referido a las minorías raciales, cuya proporción califica de absolutamente desproporcionada.

Si conforme a las estadísticas judiciales la cifra de encarcelados es la más alta del mundo con respecto a la población total norteamericana ---el porcentaje en Gran Bretaña es de 152 /100.000 habitantes, de 108 en Canadá y de 91 en el Estado francés---, debe añadirse el informe hecho público por HRW el mes pasado, que muestra que la población negra (el 12,8% del total) constituye un 54% de quienes están entre rejas por causas relacionadas con drogas, y ello a pesar de que la gran mayoría de consumidores de estupefacientes son blancos, así como que en 34 Estados de la Unión un hombre negro tiene 11,8 más posibilidades que un blanco de ir a parar a la cárcel por dicho motivo, y una mujer negra cuenta con 4,8 más posibilidades que una blanca de sufrir la misma privación de libertad.

«Asombrosas disparidades raciales» existentes en las prisiones norteamericanas, en palabras del director nacional de HRW, y que considera relacionadas con las formas y procedimientos con que se persiguen los delitos relacionados con drogas: «La guerra contra las drogas es en realidad una guerra contra los estadounidenses negros».

Lo que no es óbice para que la Administración norteamericana haya firmado la Convención Internacional para la eliminación de todas las formas de discriminación racial, que obliga a los firmantes a garantizar el derecho a un tratamiento igual ante todos los organismos e instituciones de justicia, sin discriminación racial o étnica.

Hace también un mes, el órgano encargado de supervisar el cumplimiento de la convención, que manifiesta su inquietud por las persistentes disparidades raciales en el sistema de justicia penal USA, incluída la desproporción en el número de personas de las minorías raciales, étnicas y nacionales encarceladas, solicitó que Washington realice nuevos estudios para determinar la naturaleza y el alcance de la cuestión y poner en marcha planes de acción que eliminen la discriminación racial estructural.

Human Rights Watch requiere del Gobierno federal la eliminación de las condenas mínimas obligatorias para todos los delitos genéricamente vinculados a las drogas; también, que a los delitos menores relacionados con dichas sustancias estupefacientes se les aplique otras formas de castigo alternativas a la prisión, y que las autoridades prohíban las políticas y prácticas del sistema judicial penal que limitan por motivos raciales o étnicos los derechos de los procesados.

A tenor de las notas de las agencias de prensa, parece que ni el departamento de justicia, ni HRW, ni el Comité para la eliminación de la discriminación racial relacionen estas cifras ni con la situación de aguda crisis por la que atraviesa la economía norteamericana ni con la privatización del sistema carcelario norteamericano y su búsqueda del aumento de beneficios con una mayor población reclusa, ni tampoco con la extensión de la pobreza y la exclusión y marginación de cada vez más amplias capas de población bajo mandato de Bush hijo como consecuencia del desvío de gran parte del gasto público a sus actividades bélicas en Asia y el surgimiento y/o agravamiento de la crisis económica subsiguiente.

(artículo publicado en un diario digital español, 7 de junio de 2008)