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Josemari Lorenzo Espinosa 9 octubre 2017
Boltxe 12 octubre 2017

España es mentira

Jueves 12 de octubre de 2017, por Redacción

Espa­ña no es una nación. Des­de hace más de un siglo es un acci­den­te polí­ti­co, que arras­tra un fra­ca­so nacio­nal. Su suce­dá­neo, el Esta­do espa­ñol admi­nis­tra y ges­tio­na este acci­den­te, como un arma­tos­te peli­gro­so en entre­di­cho. Un obs­tácu­lo para la libertad de los pue­blos y el pro­gre­so de las gen­tes. La Espa­ña his­tó­ri­ca, la de los libros de his­to­ria, es un pasa­do … de ros­ca que ya no ven­de. Una his­to­ria sos­pe­cho­sa, in vigi­lan­do, de con­quis­tas, impe­rios y abu­sos con un estram­bo­te de cua­ren­ta años de fran­quis­mo (1939−1978) y otros cua­ren­ta de dic­ta­du­ra cons­ti­tu­cio­nal (1978−2018). Blan­quea­da en un refe­rén­dum jus­ti­to. Y por si alguien no lo sabe, Fran­co tam­bién ganó sus dos referéndums: 1947 y 1967. En esto gana a los nue­vos dictadores.

Esta Espa­ña fal­sa, de los libros y la edu­ca­ción ofi­cial, nace en Cova­don­ga a pedra­das y mue­re en Cuba a mache­ta­zos, ago­ta­da por peno­sos siglos de vio­len­cia impe­rial. En la mani­gua cuba­na fra­ca­sa la Espa­ña de Sagun­to, Numan­cia, Las Navas, Otum­ba, Lepan­to … y cae el mito de una nacio­na­li­dad, que nun­ca exis­tió. Cuyos atri­bu­tos, como escri­bió Malle­da eran: «fan­ta­sía, pere­za, igno­ran­cia y ruti­na». Una Espa­ña que lle­va­ba a Her­nán Cor­tés en la bra­gue­ta y al Cid, bajo la boina.

La cla­mo­ro­sa infe­rio­ri­dad mili­tar espa­ño­la se hun­de defi­ni­ti­va­men­te en aguas del Caribe, fren­te a los Esta­dos Uni­dos. Cul­mi­na enton­ces la caí­da de un impe­rio de zánga­nos hidal­gos y reyes hol­ga­za­nes. Cuan­do el sue­lo del impe­rio se hun­de, cae sin alter­na­ti­va el pro­yec­to de nación y la idea de Espa­ña, que des­can­sa­ba sobre el expo­lio ultra­ma­rino y la ser­vi­dum­bre de millo­nes de cam­pe­si­nos. En medio de la gran cri­sis del 98, sur­gi­rá aquel rege­ne­ra­cio­nis­mo de Cáma­ra de Comer­cio, que cul­pa a la oli­gar­quía y al caci­quis­mo de todos los males. Los rege­ne­ra­cio­nis­tas del 98, tra­ta­ron enton­ces en vano de espa­bi­lar a sus cole­gas. Siguien­do el derro­ta­do camino de ante­ce­so­res como los ilus­tra­dos, los racio­na­lis­tas o los arbi­tris­tas de siglos anteriores.

La bur­gue­sía peri­fé­ri­ca (cata­la­nes, vas­cos) alia­da con los tri­gue­ros de la mese­ta y los acei­tu­nos anda­lu­ces, encuen­tra un res­pi­ro inte­lec­tual en los Cos­ta, Malle­da, Pica­vea, Isern y otros que quie­ren con­vier­ten la derro­ta del impe­rio, en Esta­do hidraú­li­co. Albacea de la cri­sis y subli­ma­ción de la nación que no exis­te o de la raza, que no se ve. Serán los mim­bres nece­sa­rios para edu­car a las cla­ses medias emer­gen­tes, en el patrio­te­ris­mo pre-fas­cis­ta que tan­to apro­ve­chó el 18 de julio, como car­ne de cañón y ban­de­rín de engan­che, para man­te­ner el esta­do de los nego­cios en sus altos dividendos.

De este modo, Espa­ña se con­vier­te en el suje­to agen­te de una iden­ti­dad que se descom­po­ne antes de defi­nir­se. Pro­vo­can­do el naci­mien­to de los inte­lec­tua­les mesetarios del 98, crí­ti­cos con la Espa­ña nacio­nal y enamo­ra­dos de la Cas­ti­lla nutri­cia. Que adop­ta el rege­ne­ra­cio­nis­mo, con­gé­ni­to y fra­ca­sa­do, atra­ve­san­do el queha­cer públi­co espa­ñol des­de Cáno­vas has­ta hoy, pasan­do por las tres dic­ta­du­ras (la de Primo de Rive­ra, la de Fran­co y la de 1978).

La cri­sis es tam­bién apro­ve­cha­da por los pue­blos penin­su­la­res some­ti­dos: Eus­ka­di, Cata­lun­ya, Gali­za … Que han ini­cia­do su pro­pio des­pe­gue nacio­nal, denun­cian­do que Espa­ña como comu­ni­dad his­tó­ri­ca no tie­ne nada en común, con ellos. Como supues­to nacio­nal, a par­tir de aquel Galeuz­ka pre­fi­gu­ra­do des­de fina­les del XIX, lo que iba a ser Espa­ña se resu­me en un fra­ca­so, que sólo se man­tie­ne vam­pi­ri­zan­do la diver­si­dad de las colo­nias inte­rio­res. En el mosai­co de pue­blos josean­to­niano, no hay nada nacio­nal que pue­da lla­mar­se Espa­ña. A pesar de los sub­ven­cio­na­dos esfuer­zos de la historiogra­fía jaco­bi­na. La his­to­ria de los pue­blos «espa­ño­les», por mucho que se intenten fal­sas ecua­cio­nes y sumas impo­si­bles, no pue­de cons­truir una veraz His­to­ria de España.

Debi­do a esto, los con­ti­nuos esfuer­zos de la Espa­ña-esta­do por encon­trar a Espa­ña-nación se con­vier­ten en otros tan­tos zar­pa­zos mili­ta­res san­grien­tos. Como habían sido las gue­rras con­tra Cata­lun­ya del siglo XVIII y fue­ron las del XIX con­tra los vas­cos. A lo que se aña­de el san­gra­do bru­tal de 1936, con­tra todos. Con Fran­co, Espa­ña se convier­te en un pro­yec­to defi­ni­ti­va­men­te tras­no­cha­do, con el obje­ti­vo de man­te­ner la unidad terri­to­rial del abso­lu­tis­mo bor­bó­ni­co y el patri­mo­nio cul­tu­ral cas­te­llano. Abusivamen­te lla­ma­do «espa­ñol». Como hege­mo­nía nacio­nal, la His­to­ria de Espa­ña no apa­re­ce, des­de enton­ces, en el cru­ce de recla­ma­cio­nes de las jóve­nes nacionalidades, que cuar­tean el Esta­do y sus imposiciones.

Si se des­cuen­tan de la His­to­ria de Espa­ña, las his­to­rias de las nacio­nes prohi­bi­das y la cró­ni­ca de su repre­sión, sólo que­da un pára­mo exten­so. Impo­si­ble de lle­nar con una con­tra­dic­to­ria y con­tes­ta­da Cons­ti­tu­ción. Por mucho que sir­vie­ra, en 1978, a una Transi­ción mili­ta­ri­za­da y a unos par­ti­dos pre-corrup­tos. Lo que se lla­ma His­to­ria de Espa­ña, pasó enton­ces, a ser la suma de las his­to­rias roba­das a otros pue­blos. El día que se juz­guen estos robos, Espa­ña que­da­rá sin datos pro­pios, sin iden­ti­dad, sin carisma, sin liber­tad. Como escri­bió Pica­vea: «Una enfer­me­dad, agra­va­da des­de el siglo XVII». Una men­ti­ra, que se des­mien­te a cada paso.

Espa­ña se aver­güen­za, con los del 98, de su pere­za, ruti­na, igno­ran­cia e impe­ria­lis­mo. Y con el fran­quis­mo la espa­ño­li­dad se reti­ra con­fu­sa, de las men­tes y con­cien­cias. La quie­bra se ace­le­ra. Sin Cuba, ni los últi­mos de Fili­pi­nas, sin Impe­rio … Espa­ña no es nada. Sal­vo sus pre­to­res fran­quis­tas, que man­dan dis­pa­rar a las tro­pas en las naciones ocu­pa­das. A fina­les de siglo, se ha con­ver­ti­do en un men­di­go lla­man­do a la puer­ta de Euro­pa, que vive de las miga­jas de sus turis­tas. Don­de no la dejan entrar por sus impre­sen­ta­bles señas de iden­ti­dad polí­ti­ca. Y a medi­da que las nue­vas historiografías, de las colo­nias inte­rio­res, encuen­tran la ver­dad his­tó­ri­ca, se resien­te la fal­sa iden­ti­dad espa­ño­la que hacía guar­dia jun­to a los luce­ros. Espa­ña pier­de his­to­ria y se des­com­po­ne vie­ja y malo­lien­te, con la puja de los nue­vos aspi­ran­tes a Esta­do. Y empie­za el siglo XXI, con una ley dic­ta­to­rial insos­te­ni­ble y una nue­va cri­sis, que recuer­da cada vez más al 98.

Porras con­tra votos

Pero tam­bién es cier­to que hay otra Espa­ña. Sen­sa­ta y abo­chor­na­da con su curriculum impe­rial. Una Espa­ña que de ver­dad mere­ce el nom­bre de regeneracionista. Una Espa­ña, sin embar­go, que sigue en el lim­bo de la His­to­ria y la polí­ti­ca. Sin con­se­guir hacer­se oír. Sin pre­sen­cia polí­ti­ca, ni exis­ten­cia social suficiente. Para poder cam­biar las cosas de ofi­cio. Estos espa­ño­les cons­cien­tes nun­ca han logra­do impo­ner su sen­sa­tez, ni su pro­gre­sis­mo, en el impe­rio. Son los otros perde­do­res. Here­de­ros de la línea libe­ral, de los edu­ca­do­res de la libre ense­ñan­za, del movi­mien­to obre­ro y social de los años trein­ta, de los repu­bli­ca­nos que per­die­ron la gue­rra y la post­gue­rra. Han esta­do siem­pre mar­gi­na­dos y arras­tra­dos por los campeado­res. El dra­ma de los espa­ño­les de esta his­to­ria tris­te es que se ven identificados, a la fuer­za, con un pro­yec­to ran­cio y deca­den­te que atra­vie­sa la fal­sa­ria his­to­ria ofi­cial de Espa­ña y mal­vi­ve de la nega­ción de otros proyectos.

Mien­tras que las nacio­nes emer­gen­tes viven su his­to­ria en posi­ti­vo y avan­zan hacia la liber­tad, la fra­ca­sa­da cons­truc­ción espa­ño­la sigue sien­do la opre­so­ra e impe­ria­lis­ta de antes. Dis­fra­za­da aho­ra con el nue­vo impe­rio de la ley. El dere­cho de con­quis­ta, impues­to por los ocu­pan­tes. Y cuan­do la dere­cha y el neo­fa­lan­gis­mo de cor­ba­ta, quieren blan­quear esta his­to­ria, con argu­men­tos legu­le­yos y anti­de­mo­cra­cia de cuartel, tie­nen que repe­tir la mis­ma his­to­ria de siem­pre: into­le­ran­cia, nega­ción y envío de tropas.

El impe­rio espa­ñol pasó a la His­to­ria. El lega­do de los Reyes Cató­li­cos, el tes­ta­men­to de Isa­bel ha cadu­ca­do. Está en la fase final de su des­apa­ri­ción. Aun­que aho­ra se agarre a la dic­ta­du­ra cons­ti­tu­cio­nal, como últi­mo esla­bón de la débil ideo­lo­gía que justifi­ca­ba su pre­sen­cia en los terri­to­rios ocu­pa­dos. Pero su nacio­na­lis­mo es impresenta­ble. No pue­de sos­te­ner­se, en el siglo XXI, con des­pres­ti­gia­das haza­ñas bélicas y nece­si­ta otra his­to­ria. Un recam­bio menos tris­te que la His­to­ria de Espa­ña del padre Maria­na. Las «glo­rias» espa­ño­las de mayor dura­ción: el impe­rio y el fran­quis­mo, hace tiem­po que han sido repu­dia­das. Nefas­tas e irre­pe­ti­bles, no sir­ven como pór­ti­co para una his­to­ria nacio­nal, que no exis­te. Y la sali­da dic­ta­to­rial del 78, se agrie­ta y cuartea por los esla­bo­nes mas débiles.

Nadie se atre­ve a reivin­di­car la men­ti­ra san­grien­ta de una His­to­ria de Espa­ña refle­jo de su pro­pia cri­sis, como nación cuar­te­le­ra, sos­te­ni­do con anal­fa­be­tis­mo y atra­so. Rama­la­zo de su impe­rio y de la dic­ta­du­ra per­so­nal más lar­ga de Euro­pa. Rema­ta­da hoy con una monar­quía sin legi­ti­mar y en entre­di­cho. Que no sabe solu­cio­nar sus proble­mas dejan­do votar a los afec­ta­dos. Por eso se esgri­me el incan­sa­ble argu­men­to de la vie­ja ley, del 78. Que en su día blan­queó la suce­sión. Pero hoy se ha vuel­to tan reac­cio­na­ria e inser­vi­ble como las ante­rio­res. Y prohí­be el dere­cho a deci­dir, bajo la cober­tu­ra del Tri­bu­nal cons­ti­tu­cio­nal de los inva­so­res. La Inqui­si­ción cons­ti­tu­cio­nal, con­tra la here­jía polí­ti­ca de los que quie­ren votar, según sus nor­mas. No las del derecho de conquista.

Cata­lun­ya está demos­tran­do, a esta Espa­ña, que cuan­do se lle­va a sus últi­mas consecuen­cias una volun­tad polí­ti­ca de inde­pen­den­cia, el impe­rio se tam­ba­lea. Tiemblan los pode­res fác­ti­cos de la ocu­pa­ción, reso­plan los crea­do­res de opi­nión asala­ria­dos y nadie encuen­tra, en sus leyes dic­ta­to­ria­les, la res­pues­ta ade­cua­da. Es decir, aque­lla que no pase por el envío de tropas.

Cual­quie­ra que sea el resul­ta­do final de esta con­tien­da, la men­ti­ra Espa­ña ha que­da­do toca­da. Una vez mas al des­cu­bier­to la fala­cia que empe­zó a inven­tar, por el siglo XVI, el padre Maria­na. De cuyas ubres de tra­di­ción, ley y orden han mama­do los historiadores e his­to­rio­gra­fía ofi­cial des­de el fran­quis­mo. Y que sir­ven de base a los polí­ti­cos del sis­te­ma actual.

El sim­ple hecho de impe­dir por la fuer­za que alguien ejer­za el dere­cho a voto, aun­que éste sea con­tra­rio a nues­tros intere­ses, colo­ca a cada uno en su sitio. Espa­ña en el cen­tro del ring, con los guan­tes pues­tos de la into­le­ran­cia de los ven­ce­do­res de espada y arma­du­ra. Cata­lun­ya en el rin­cón de los per­de­do­res, aco­rra­la­dos, pero jus­tos y racio­na­les. Y el res­to de Euro­pa escan­da­li­za­da por la ver­güen­za aje­na, de ver la desigual­dad pelea tele­vi­sa­da, entre las porras y votos. Espa­ña en el sitio, que le asignó el padre Maria­na, en el cen­tro del impe­rio cris­tiano, que siem­pre ha que­ri­do ser. La Espa­ña de Fras­cue­lo y de María, iro­ni­za­da por Macha­do. O el pue­blo de cabre­ros, des­cri­to por Gil de Bied­ma. Que duer­me jun­to al cate­cis­mo y a la espa­da. El balles­te­ro que bus­ca su pre­sa y otea el hori­zon­te, des­de el pára­mo cas­te­llano, impi­dien­do que nadie se mue­va en sus dominios.

Espa­ña ha aca­ba­do sien­do una men­ti­ra y un fra­ca­so nacio­nal, porque ha sido siem­pre uno de esos Esta­dos que ha basa­do su razón de ser en la nega­ción y ocu­pa­ción de otros pue­blos. Pero el tiem­po ha pasa­do y la sen­si­bi­li­dad cons­cien­te, inclu­so de muchos espa­ño­les, se ha actua­li­za­do. Espa­ña ya no pue­de vivir de su impe­rio. Por mucho que sea el impe­rio de la ley. Tal vez Eus­ka­di o Cata­lun­ya no pue­dan alar­dear de sus éxi­tos polí­ti­cos. Por­que no los tie­nen. Pero sí de sus razo­nes his­tó­ri­cas jus­tas. En cam­bio, Espa­ña no pue­de pre­su­mir de leyes, y seguir vivien­do como si estuviéramos en el impe­rio don­de no se ponía el sol. Esta­mos en un siglo en que las ocu­pa­cio­nes impe­ria­les, las inva­sio­nes terri­to­ria­les, los des­em­bar­cos de mari­nes en otros paí­ses son odio­sos y fue­ra de la Ley uni­ver­sal. Nadie las defien­de. Nadie las quiere.

Espa­ña ocu­pó Cata­lun­ya en el siglo XVIII. Arra­só ciu­da­des, saqueó pue­blos … Los mer­ce­na­rios bor­bó­ni­cos de Feli­pe V, aca­ba­ron con la vida de miles de resis­ten­tes. Las leyes pro­pias fue­ron supri­mi­das, la len­gua y la cul­tu­ra per­se­gui­da. Toda una serie de atro­pe­llos, que sue­len seguir a las inva­sio­nes en la His­to­ria. Que se repi­tió, corre­gi­do y aumen­ta­do, en la gue­rra de 1936. Pero recor­dar esto, como hacía el fran­quis­mo, ya no pres­ti­gia a sus auto­res. Ni a los actua­les pode­res, suce­so­res direc­tos de los auto­res de estas masa­cres his­tó­ri­cas. Que se apro­ve­chan de sus con­ce­cuen­cias. Por eso la alian­za his­pa­nó­fi­la no lo men­cio­na nun­ca. Lo que pasa hoy es con­se­cuen­cia de lo que pasó en Cata­lun­ya en el siglo XVIII. O en Eus­ka­di en el XIX. Y mucho antes en Gali­za, Cana­rias etc.

El gobierno espa­ñol ya lo sabe. Y su la ban­da de la porra, segui­rá hablan­do de leyes y man­dan­do a sus mari­nes con­tra los pue­blos opri­mi­dos. Los medios tóxi­cos segui­rán ven­dien­do la dic­ta­du­ra cons­ti­tu­cio­nal «que nos hemos dado», aun­que sólo la hayan vota­do menos del 40% del actual cen­so electoral.

Y si alguien no lo reme­dia, en Noche­bue­na ten­dre­mos que apa­gar el tele­vi­sor. Otro año más. Para no escu­char una vez más hablar de la men­ti­ra España.

Jose­ma­ri Loren­zo Espinosa [1] y [2].

(12 de octubre de 2017)


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- Josemari Lorenzo Espinosa Boltxe