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Marxists Internet Archive 2008

El derecho a la pereza Paul Lafargue 1883 [22/12/09]

Martes 22 de diciembre de 2009, por Redacción

Traducción María Celia Cotarelo.

Digitalización Franco Iacomella.

Edición 2008 de Marxists Internet Archive sección en español

Prólogo El derecho a la pereza Paul Lafargue 1883

En el seno de la Comisión sobre Educación Primaria de 1849, el señor Thiers decía: "Quiero recuperar con toda su fuerza la influencia del clero, porque cuento con él para propagar esa buena filosofía que enseña al hombre que está aquí para sufrir, y oponerla a esa otra filosofía que dice al hombre lo contrario: ’Disfruta’". El señor Thiers formulaba así la moral de la clase burguesa, cuyo feroz egoísmo y estrecha inteligencia él encarnaba.

Mientras luchaba contra la nobleza, sostenida por el clero, la burguesía enarbolaba el libre examen y el ateísmo; pero, una vez triunfante, cambió de tono y de conducta; y hoy pretende apuntalar con la religión su supremacía económica y política. En los siglos XV y XVI, había retomado alegremente la tradición pagana y glorificaba la carne y sus pasiones, reprobadas por el cristianismo; en nuestros días, saciada de bienes y de placeres, reniega de las enseñanzas de sus pensadores -los Rabelais, los Diderot- y predica la abstinencia a los asalariados. La moral capitalista, lastimosa parodia de la moral cristiana, anatemiza la carne del trabajador; su ideal es reducir al productor al mínimo de las necesidades, suprimir sus placeres y sus pasiones y condenarlo al rol de máquina que produce trabajo sin tregua ni piedad.

Los socialistas revolucionarios deben recomenzar el combate que han librado en otro tiempo los filósofos y los panfletarios de la burguesía; deben embestir contra la moral y las teorías sociales del capitalismo; deben desterrar de las cabezas de la clase llamada a la acción, los prejuicios sembrados por la clase dominante; deben proclamar, ante los hipócritas de todas las morales, que la tierra dejará de ser el valle de lágrimas del trabajador; que, en la sociedad comunista del porvenir, que construiremos "pacíficamente si es posible, y si no violentamente", se dará rienda suelta a las pasiones de los hombres; y ya que "todas son buenas por natura leza, nosotros sólo tenemos que limitarnos a evitar su mal uso y su exceso" [1]. Estos serán evitados por su mutuo equilibrio, por el desarrollo armónico del organismo humano, pues, como dice el Dr. Beddoe, "una raza alcanza su más alto punto de energía y de vigor moral en el momento en que alcanza su máximo desarrollo físico". Tal era también la opinión del gran naturalista Charles Darwin [2].

La refutación del Derecho al Trabajo, que reedito con algunas notas adicionales, fue publicada en el semanario L’Égalité, segunda serie, 1880.

P.L.

Prisión de Sainte-Pélagie, 1883.


[1Descartes, René: Las pasiones del alma.

[2Doctor Beddoe: Memoirs of the Anthropological Society

Darwin, Charles: Descent of Man.