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Laura Carlsen*, Ircamericas especial para Argenpress
17 de noviembre de 2009

Departamento de Estado de Estados Unidos traiciona la democracia hondureña a cambio de confirmaciones en el Senado [18/11/09]

Miércoles 18 de noviembre de 2009, por Redacción

El cambio de política para reconocer ahora las elecciones sin la restitución de Zelaya a la presidencia destroza el acuerdo de paz, apacigua al Partido Republicano y causa el alejamiento de América Latina. El Presidente Zelaya pronuncia el Acuerdo de San José-Tegucigalpa "letra muerta". Organizaciones anti golpistas llaman a boicotear las elecciones el 29 de noviembre. En uno de los momentos más deshonrosos en la historia diplomática de Estados Unidos, el Departamento de Estado anunció un giro de 180 grados en su política hacia Honduras y declaró que reconocerá el resultado de las elecciones del 29 de noviembre próximo aunque se hayan realizado bajo el régimen golpista militar.

La nueva estrategia para promover las elecciones sin asegurar previamente el regreso al orden constitucional destroza el acuerdo que el mismo Departamento de Estado negoció y que fue firmado por el Presidente Manuel Zelaya y el dirigente golpista Roberto Micheletti el 29 de octubre.

El 4 de noviembre, a unos días de que la Secretaria de Estado Clinton anunciara un enorme adelanto hacia la resolución de la crisis política hondureña, el Subsecretario de Estado Thomas Shannon declaró en entrevista con «CNN» que "la formación del Gobierno de Unidad Nacional es independiente de la restitución del Presidente Zelaya", y que el Congreso hondureño decidirá cuándo y si acaso Zelaya es restituido a la presidencia. Su sorpresiva declaración suprimió del acuerdo el punto de la restauración presidencial, dejando este punto en el aire mientras confirmaba que el gobierno estadounidense reconocerá las elecciones de cualquier manera.

El Embajador de EEUU en la Organización de los Estados Americanos, Lewis Anselem, y el Embajador del mismo país en Honduras, Hugo Llorens, confirmaron esta nueva posición. En la sesión de la OEA, Anselem, cuyos comentarios despectivos sobre los países latinoamericanos le valieron el alejamiento de muchos diplomáticos del sur, criticó la negativa de las demás naciones de reconocer las elecciones organizadas por un régimen golpista: "He oído a muchos decir, en esta sala, que no reconocerán las elecciones en Honduras … No estoy tratando de hacerme el listo, pero ¿qué significa eso? ¿Qué significa en el mundo real, no en el mundo del realismo mágico?"

Llorens también caracterizó la nueva política como pragmatismo, declarando el 8 de noviembre: "Las elecciones formarán parte de la realidad y devolverán a Honduras al camino de la democracia".

El empleo repetido del término "realidad", como justificación del cambio de política demuestra un intento de parte del Departamento de Estado de imponer unilateralmente una definición de la realidad hondureña … contraria a su propia definición previa y a la de la comunidad internacional. Esta diplomacia unilateral se remonta a las políticas exteriores de Bush, que muchos estadounidenses y latinoamericanos creyeron desechadas por la entrada de la administración Obama.

La diplomacia del engaño

A medida que los analistas esclarecen la lógica de los acontecimientos de los últimos cuantos días, que nos llevaron del enorme adelanto al tremendo colapso de los esfuerzos internacionales por restaurar el estado de derecho en Honduras, surge la verdadera historia.

Como hoy escribe el ex embajador de Estados Unidos Robert White [1], el 20 de octubre Tom Shannon se reunió con el senador republicano Jim DeMint, y DeMint lo presionó para que se reconocieran las elecciones hondureñas sin contar con la restauración de Zelaya. DeMint le ofreció dejar de bloquear la nominación de Shannon a la Embajada de Brasil y la nominación de Arturo Valenzuela para ocupar el puesto de Shannon como Subsecretario de Estado para Asuntos del Hemisferio Occidental.

DeMint, que viajó a Honduras el mes pasado para reunirse con el régimen golpista, había bloqueado estas dos nominaciones clave para el Departamento de Estado, ostensiblemente en protesta por las políticas de la administración para restituir a Zelaya.

De acuerdo con White, todo indica que Shannon ya había formulado este cambio de política crítico para desechar la demanda de restauración de Zelaya desde que voló a Tegucigalpa el 28 de octubre, y que el dirigente golpista Roberto Micheletti ya lo sabía. Esto dejó al Presidente Zelaya, y al resto del mundo, a oscuras respecto del verdadero objetivo de las negociaciones.

Lo que indudablemente quedará en sus libros como uno de los peores acuerdos diplomáticos de su historia, fue elaborado por el equipo del Departamento de Estado: Es decir Shannon, junto con el asesor de Obama Dan Restrepo y con Craig Kelly, el hombre a quien se acaba de enviar a tratar de arreglar el estropicio. El acuerdo fue firmado por ambas partes el 29 de octubre de 2009.

El acuerdo incluye el compromiso de formar un Gobierno de Reconciliación Nacional a más tardar el 5 de noviembre. Llama al Congreso hondureño a votar sobre la restauración de los poderes presidenciales sin señalar ningún plazo para ello. Incluye una opinión no vinculante (es decir, no obligatoria) de la Suprema Corte, de nuevo sin señalar ningún plazo.

En retrospectiva, la trampa se hace clara. El acuerdo dejó abierta la solución absurda, pero posible, de permitir que el régimen golpista formara el gobierno de unidad sin un presidente legítimo, haciendo parecer que el incumplimiento del mismo sería culpa de Zelaya si él se hubiese negado a participar. Entonces, ¿por qué firmó Zelaya?

En aquel momento, muchos de nosotros creímos que el Departamento de Estado estaba negociando de buena fe para restaurar al presidente y que el voto del Congreso era una medida para simplemente evitar una vergüenza a los líderes golpistas. Zelaya se había marcado en las negociaciones una postura de que debía ser el Congreso, y no la Corte, quien decidiera revocar el decreto de destitución. En el contexto de los acuerdos tácitos con miembros del Congreso Hondureño y el Departamento de Estado de EEUU, el entendimiento era que la necesidad de celebrar elecciones reconocidas y la amenaza de más sanciones habían acabado por quebrantar la intransigencia del régimen golpista y preparado el camino hacia el retorno del orden legal constitucional.

Para que no hubiera duda alguna sobre el trato, DeMint emitió un comunicado de prensa en el que se jactaba: "Senador obtiene el compromiso de que Estados Unidos respalde las elecciones del 29 de noviembre aunque Zelaya no sea restituido".

Se lee en el comunicado: "Me complace informarles que la administración Obama por fin ha revertido su desviada política sobre Honduras y reconocerá plenamente las elecciones del 29 de noviembre … La Secretaria Clinton y el Subsecretario de Estado Shannon me han asegurado que los EEUU reconocerán el resultado de las elecciones hondureñas sin importar si Manuel Zelaya es restituido [a la presidencia]. Acepto la palabra de la administración de que ahora estarán del lado del pueblo hondureño y dejarán de concentrarse en el desacreditado Zelaya".

DeMint prosigue trazando su propio guión sobre el anacronismo de las primeras elecciones que escenifica un régimen golpista en el siglo veintiuno.

"Hoy, gracias al bienvenido giro de la administración Obama, el nuevo gobierno que tome posesión el próximo enero podrá esperar todo el apoyo de Estados Unidos y, espero, de toda la comunidad internacional. Confío en que la Secretaria Clinton y el Sr. Shannon mantengan su palabra, pero esto es el inicio del proceso, no el final. Observaré con entusiasmo las elecciones, y continuaré supervisando estrechamente las acciones futuras de nuestra administración con respecto a Honduras y América Latina".

El guión de Washington se representó. El 9 de noviembre el Senado confirmó a Valenzuela. DeMint dejó de bloquear la confirmación de Shannon, aunque otro Republicano se apresuró a oponerse, ahora por la política respecto a Cuba. Con la confirmación de Shannon todavía bloqueada, parece que los republicanos pagaron al diplomático con su misma moneda.

Se comprende el contoneo de DeMint. Las últimas maquinaciones significan que un régimen golpista de derecha puede mantenerse en el poder para presidir elecciones en donde lo más probable es que participen únicamente candidatos partidarios del régimen golpista. Significa un revés -no una derrota- para el movimiento popular en pro de la celebración de una asamblea constituyente y del impulso de políticas que alivien el sufrimiento de los pobres y logren un progreso hacia la igualdad.

Pero DeMint no puede arrogarse todo el crédito por la inversión de la política oficial. La Secretaría de Estado de Clinton había insinuado durante meses una marcha atrás en su compromiso para la restitución de Zelaya. Sus declaraciones se volvieron cada vez más ambivalentes, diciendo unas veces que apoyaba el regreso de Zelaya y otras llamando solamente a un "retorno al orden constitucional" sin mencionar a Zelaya ni siquiera bajo presión. La semana pasada fue cuando marcó claramente por primera vez la opción estratégica "sin Zelaya".

En palabras de White: "Como Shannon sabía bien, este cambio de política anularía la mayor ventaja que Estados Unidos podía aplicar para persuadir al gobierno de facto de que permitiera el pronto regreso del Presidente Zelaya". Al renunciar al compromiso de desconocer elecciones celebradas bajo un régimen golpista, el gobierno estadounidense ha dado a los dirigentes golpistas y a las fuerzas armadas luz verde para permanecer en el poder hasta que un nuevo presidente tome posesión el 27 de enero.

Ese presidente, por cierto si antes la crisis no estalla y adquiere todavía mayores proporciones, puede ser que no sea reconocido por la mayoría de los países del hemisferio ni por un enorme porcentaje de la población hondureña. En esas condiciones, la gobernabilidad resultaría imposible. La no restitución inmediata de Zelaya habrá cimentado el terreno para un período grave y prolongado de violencia y desasosiego en Centroamérica.

El cambio provoca ira y desconfianza en Latinoamérica

El Congreso Hondureño no ha fijado fecha para votar sobre la restitución del Presidente Zelaya e indicó que no ocurriría sino hasta pasadas las elecciones.

Se recordará que la restauración de Zelaya era el punto toral de los «Acuerdos de San José» que el Departamento de Estado organizó bajo los auspicios del Presidente de Costa Rica Oscar Arias, así como el núcleo de las resoluciones de la Organización de las Naciones Unidas y de los Estados Americanos, respaldadas ambas por el gobierno estadounidense.

La declaración de la ONU resuelve: "Reafirmar que el Presidente José Manuel Zelaya Rosales es el Presidente constitucional de Honduras y exigir el regreso inmediato, seguro e incondicional del Presidente a sus funciones constitucionales".

La resolución de la OEA del 1° de julio "Exige la restauración inmediata e incondicional del Gobierno legítimo y Constitucional del Presidente de la República, Sr. José Manuel Zelaya Rosales, y de la autoridad legalmente establecida en Honduras". Honduras fue suspendida de la OEA a consecuencia de no haberse restituido al Presidente Zelaya, entre los continuos esfuerzos diplomáticos para lograr dicho fin.

La nueva posición de EEUU ha despertado la ira de otros países Latinoamericanos. En una reunión de la OEA el 10 de noviembre, muchos expresaron el compromiso de no reconocer elecciones celebradas por el régimen golpista. El Secretario General José Insulza declaró que la organización no enviaría observadores electorales a Honduras.

El Grupo de Río, que incluye a los aliados más poderosos de EEUU en la región: México y Brasil, emitió el 6 de noviembre una declaración inequívoca exigiendo la restitución inmediata de Zelaya. La declaración fue firmada por los cancilleres latinoamericanos y del Caribe reunidos en cumbres paralelas en Montego Bay.

Las 24 naciones latinoamericanas declararon: "La restitución inmediata del presidente José Manuel Zelaya a la posición para la que fue electo por el pueblo hondureño constituye un requisito indispensable para el restablecimiento del orden constitucional, el estado de derecho y la democracia en Honduras, así como la normalización de las relaciones entre la República de Honduras y el Grupo de Río, y para que sea posible el reconocimiento de los resultados de las elecciones programadas para tener lugar el 29 de noviembre".

Craig Kelly, uno de los arquitectos de la diplomacia del engaño revelada en el acuerdo del 29 de octubre, ha sido despachado para remendar la situación. El Presidente Zelaya no lo recibió con calidez, y a menos que lleve un mandato para el arrepentimiento en su portafolio, tendrá muy poco espacio de maniobra.

Versión original: U.S. State Department Sells Out Honduran Democracy for Senate Confirmations

Traducción por: María Soledad Cervantes Ramírez.

* Laura Carlsen es directora del Programa de las Américas del Centro de Política Internacional en la Ciudad de México.

- Fuente: Argenpress.


[1Robert White*, Ircamericas especial para Argenpress, 16 de noviembre de 2009

La derrota negociada en Honduras

Ahora es posible reconstruir con cierta precisión la manera en que el gobierno de Obama convirtió un triunfo diplomático inminente, en una derrota negociada.

El 20 de octubre, el Senador Jim DeMint declaró que se había reunido con el Sub-Secretario de Estado Thomas Shannon y que estaba complacido de que el Departamento de Estado por fin entendió que "es esencial que estas elecciones [en Honduras] se lleven a cabo y sean reconocidas". Como resultado, DeMint dijo que estaba "ansioso" de retirar el bloqueo contra la confirmación de Arturo Valenzuela a Sub-Secretario de Estado para el Hemisferio Occidental y Thomas Shannon, el actual Sub-Secretario, como embajador a Brasil.

Como bien sabia Shannon, este cambio en la política de EEUU en Honduras sacrificaría el principal mecanismo de presión que Estados Unidos pudiera utilizar para persuadir al régimen de facto para que permitiera el regreso puntual del Presidente Zelaya a su país.

El 28 de octubre, una delegación diplomática dirigida por Thomas Shannon llegó a Tegucigalpa para dar nuevo impulso a las negociaciones entre el régimen de facto y el Presidente Mel Zelaya. En una conferencia de prensa, Shannon dijo que el regreso de Zelaya era "central" entre las prioridades de EEUU y la comunidad internacional. Sin embargo, se negó a declarar que su regreso sería un componente esencial en cualquier trato.

Es legítimo inferir que en este punto el presidente de facto Roberto Micheletti ya sabía que el Departamento de Estado había asumido un compromiso con el Senador DeMint en el sentido de que el gobierno reconocería la validez de las elecciones de 29 de noviembre sin importar si Zelaya regresara a la presidencia.

En estas circunstancias, cualquier novato en la diplomacia reconocería de inmediato que la única posibilidad para lograr un acuerdo duradero sería informar al Presidente Zelaya del cambio en la política de EEUU. Ya con esta información, Zelaya podría haber insistido en establecer una fecha para su restitución. Con el respaldo de la delegación de EEUU, hubiera tenido una ligera posibilidad de que Micheletti aprobara el acuerdo porque se acababa el tiempo.

Siempre era posible, hasta probable, que las negociaciones fracasaran, pero aún éste resultado hubiera sido mil veces preferible a la farsa en donde Zelaya firmó un acuerdo bajo la ilusión de que Estados Unidos aseguraría su pronta restitución al poder.

El resultado de esta cínica y torpe diplomacia no podría ser peor

La Secretaria de Estado anuncia a bombo y platillo un gran avance en Honduras. Micheletti responde que todavía no se ha acordado la restitución del presidente electo por el pueblo, y un Zelaya engañado declara que el acuerdo está muerto. El fracaso diplomático está completo.

Aún existe un espacio para maniobras diplomáticas. Por ejemplo, en la OEA, los Estados Unidos podrían declarar que aunque su país reconociera los resultados de las elecciones, apoyaría una decisión de la OEA de no enviar observadores hemisféricos para certificar las elecciones. Esto casi seguramente provocaría el regreso inmediato de Zelaya porque Estados Unidos habría reconfirmado su compromiso de no separarse de sus socios hemisféricos.

Si el gobierno de Obama no actúa rápidamente para rescatar este descalabro, Zelaya tomará el único camino que tiene abierto y llamará a sus seguidores a boicotear las elecciones.

La mayoría de las naciones del hemisferio le apoyará no reconociendo las elecciones y la crisis se prolongará.

Es triste contemplar la manera en que el gobierno de Obama ha manejado tan mal un desafío en el que tuvo el apoyo de todo el hemisferio. No sorprende que el Presidente Lula de Brasil haya acusado al Presidente Obama de romper su promesa de construir una nueva relación con América Latina.

* Robert White, ex embajador de Estados Unidos en Paraguay y El Salvador (1980-1981), donde jugó un papel decisivo en la investigación de la violación y asesinato de cuatro mujeres estadounidenses de la Iglesia Católica por los escuadrones de la muerte salvadoreños. Hoy es presidente del Center for International Policy.

Versión original: Honduras Revisited

Traducción por: Laura Carlsen

- Fuente: Argenpress.