Portada del sitio > Global > Argentina: Ha muerto Mercedes Sosa: ¿Calla la vida? [08/10/09]

José Aurelio Paz, La Habana
ALC (Agencia Latinoamericana y Caribeña de Comunicación), Buenos Aires (Argentina)
5 de octubre de 2009

Argentina: Ha muerto Mercedes Sosa: ¿Calla la vida? [08/10/09]

Jueves 8 de octubre de 2009, por Redacción

No sólo Argentina llora a su “Negra” maravillosa. El mundo entero, o al menos los desposeídos, los que no tienen voz y se expresan por la voz de otros, están de luto por la muerte de Mercedes Sosa. Su sentido de la canción, como compromiso social, no tiene dudas, como mismo no las tiene ese olorcito a tierra ---su (nuestra) Pachamama---, a insurrección ante la injusticia, a defensa de los humildes con que siempre nos sorprendía. Y es que más allá de ser ella una lección de amor, fue, además, una lección de ética y fe para todos los cristianos.

Recuerdo que entró a mi vida, sin yo darme cuenta, con una melodía donde su lirismo me vuelve a enamorar, cada vez que la escucho y desde donde me llama, nos llama todos los días, a la resistencia ante la desesperanza y al agradecimiento a Dios: “¡Gracias a la vida que me ha dado tanto!”; lección de amor, por versos de Violeta, otra grande, porque “con ella distingo dicha de quebrantos y el canto de todos que es mi mismo canto …”.

Y es que Mercedes, como nadie ha podido, supo retener en sí el espíritu latinoamericanista de todas y de todos, esa esencia indígena que la redimía desde el simple pelo suelto, su aguerrido poncho, y hasta ese bombo legüero, que era como el sonido del paso ancestral de nuestros antepasados frente al fiero colonizador, bendecido por unas manos que, por su feminidad, contrastaban con su corpulencia, donde su voluminosidad, sobre cualquier escenario, daba siempre paso a su luminosidad de luciérnaga encantada por la música y encantadora de multitudes.

Yo soy un amor perdido en la vida de Mercedes, apenas un punto cósmico, un eterno enamorado del cual nunca supo, pero que la amó hasta lo infinito, desde esta Isla navegando el Caribe, cuando comencé a herir mi guitarra con sus primeros arpegios. ¡Ay! “Te vas Alfonsina con tu soledad/ qué poemas nuevos fuiste a buscar …”; “¡Duerme, duerme, negrito, que tu mama está en el campo …”, me acunaba desde una vieja grabadora.

Y es que la Negra siempre fue, ¡perdón!, siempre es como sus propias canciones; como ese repertorio que pudo escoger, como quien engarza perlas, sentada sobre una roca junto al mar, y luego lanza el collar al océano para que los delfines jueguen a romperlo y devolverle a cada ostra lo que es suyo. Los títulos de sus melodías son quienes, hoy, mejor le dibujan: Como la cigarra, Como un pájaro libre … Así era Mercedes.

Tenía la magia de pasar de un tono agudo y límpido, como el agua que corre por la quebrada, hasta asumir una nota grave, tan grave como un trueno frente al invasor. Tenía la levedad de la violeta y la dureza del acero; esa coraza del colonizador que el indio logró domeñar, con su resistencia, y convertir en instrumento de labranza para sacarle el fruto a la Tierra madre.

Tenía ella, como don de Dios, esa capacidad única de transmutarse de frágil pajarillo en aguerrida Juana Zurduy cuando cantaba: “sobre el alto Perú/ no hay otra capitana más valiente que tú …”; una chamán que predecía este nuevo tiempo que se está verificando en América Latina: “¡Todas las voces, todas!/ ¡todas las manos, todas!/ ¡toda la sangre puede/ ser canción en el viento! …”.

¡Ah, Santa Mercedes de las Utopías! “Si no creyera en la locura/ de la garganta del sinsonte/ si no creyera que en el monte se esconde trino y la pavura …” no creería en ti, Luna de cabotaje para todos nosotros y nosotras, pájaro libre, unicornio de los pobres, sueño que “pastando lo dejé/ y desapareció …”.

Por eso, en esta hora de dolor y homenaje, “Sólo le pido a Dios que la muerte no me sea indiferente …” y aunque “Cambia, todo cambia …” seguiremos, contigo, en el compromiso de siempre: “¿Quién dijo que todo está perdido/ yo vengo a ofrecer mi corazón …”.

Seguiremos tus entrañables pasos, tu voz dándole color al aire desde los cerros de los Andes y hasta el sur del Río Bravo y la Patagonia, para seguir formando, cuando tengas la tierra sagrada que te sepulte (¡al fin toda tuya!), una orquesta de grillos, como réquiem, “donde canten los que piensan …”, para poner a tus pies, cual ofrenda, “las estrellas/ astronautas de trigales/ luna nueva …”.

Porque, bien lo decías, “Si se calla el cantor / calla la vida …” pero tú, Mercedes de América y del mundo ¡No vas a callar!.

- Fuente: Agencia Latinoamericana y Caribeña de Comunicación.