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Dick Emanuelsson especial para Argenpress.info
11 de noviembre de 2009

A propósito del debate hondureño: Los pueblos no aman las armas pero a veces son obligados a levantarse con ellas [11/11/09]

Miércoles 11 de noviembre de 2009, por Redacción

La elección de la forma de lucha depende de las circunstancias concretas en cada país, tomando en cuenta las particularidades. “El Tío Ho”, como el pueblo vietnamita llamaba a Ho Chi Minh, el Padre de la Patria pero también el indiscutible líder del Partido del Trabajo, que se llamaba el Partido Comunista de Vietnam, siempre hablaba en el nombre de la paz pero que tuvo que levantarse en armas contra los ocupantes japoneses, franceses y los genocidas de Estados Unidos que creían que con las armas más poderosas del planeta iban a doblegar al heroico pueblo de Vietnam.
Al respecto del debate permanente que se lleva a cabo en la Resistencia contra el golpe de Estado y los planteamientos sobre sí o no a las armas creo que ese interesante debate debería concentrarse en el tema en ¿dónde se logra más efecto de las acciones de las masas?.

Fotografía: Ho Chi Minh (de Argenpress.info) .

La historia es rica en experiencias y acá se ha colocado el Che pero en épocas totalmente diferentes. Se ha mencionado las experiencias del pueblo heroico y combativo de Colombia en donde el imperialismo norteamericano no ha podido derrotar a una insurgencia que tiene profundas raíces en el pueblo colombiano, sobre todo las clases populares. Pese a todos los “Planes” la guerrilla está vivita y coleando, y ahora se prepara para enfrentarse con más fuerza contra los gringos que poseen siete bases militares y más militares en Colombia.

Y no ha sido porque unos estudiantes pequeñoburgueses románticos querían copiar la idea del Che en las montanas de Colombia, sino porque principalmente el campesinado colombiano fue llevado al matadero por una clase terrateniente y oligarquía más intolerable y militarista. En el departamento de Cundinamarca, la región en donde Bogota es la capital, el campesino que mencionaba la palabra “reforma agraria” fue víctima de los grupos paramilitares, contratados por los terratenientes, llamados Chulavitas o Los Pájaros.

Y eso fue antes de 1964, cuando fue fundada las FARC. Su nacimiento se debió principalmente a la autodefensa campesina. Porque a ese campesino, víctima del machete, le cortaron la cabeza que fue colocada en un palo del potrero para así fuese un ejemplo de las consecuencias de organizarse en el movimiento campesino y luchar por la reforma agraria. Por eso se organizaron las FARC, que si, varios años después, tomaron la decisión de luchar por la toma del poder político a través de las armas fue porque todos los otros caminos les habían sido cerrados, como decía el fundador Jacobo Arenas como explicación del por que las armas. Pero la guerrilla siempre ha subrayado que lucha por la paz, una paz que la oligarquía colombiana siempre ha saboteado y ha ahogado en sangre. O qué decir sobre los 4.000 sindicalistas asesinados en Colombia. ¡¡¡“4.000 Jairo Sánchez”!!! O los 5.000 militantes de la Unión Patriótica, que fue el intento de las FARC en 1984-1990 de incorporarse a la vida civil pero que fue convertido en un genocidio político.

Vale decir que durante el otro proceso de paz entre Pastrana-FARC, entre 1999-2002, la guerrilla propuso organizar cada domingo foros sobre diferentes temas en donde la sociedad colombiana y sus movimientos populares tuvieran acceso para opinar y proponer qué tipo de sociedad querían. Se hizo más de 29.000 intervenciones durante esos domingos, donde representantes de las masas colombianas, un verdadero debate nacional, pudieron hablar directamente al pueblo a través del canal de televisión público (hoy cerrado por Uribe). Pero ese proceso político y de debate crítico, pensamiento crítico, la “Batalla de Ideas”, que posteriormente decía Fidel, terminó como todos los otros procesos de paz, con el bombardeo de la zona de paz bajo control de la guerrilla.

Así se frustraron otra vez los intentos de paz en Colombia, que sólo fue una repetición del 9 de diciembre de 1990, cuando la base central de las FARC, la Casa Verde, fue bombardeada y asesinado el “Acuerdo de Cese de Fuego”, firmado por el presidente Betancourt en mayo de 1984.

El enemigo de los pueblos está en una constante guerra psicológica para enlodar esas luchas tildándolos cada insulto. El fantasma ayer fue la Unión Soviética y hoy son las FARC, Chávez, Daniel Ortega y casi Rafael Correa. Y mañana, cuando los pueblos no se dejan engañar, van a inventar otra cosa.

Como por ejemplo que Héctor Zelaya, el hijo de Zelaya, residente en Estados Unidos, está en problemas por sus vínculos con los narcos mejicanos y por eso Mel Zelaya tuvo que ceder ante el chantaje de Thomas Shannon y firmar el Acuerdo Tegucigalpa/San José.

Dicen los voceros de la mentira

Y todos ustedes saben que en Honduras los mentirosos controlan el 95% de los medios, donde el anticomunismo es la Biblia política para ellos. Pues nada extraño, así ha sido siempre, pero es importante no vacilar y no tomar el debate bajo las condiciones de ellos porque es fácil caer en la trampa que siempre arreglan para neutralizar el movimiento popular.

¿Sí a las armas o sólo vía pacífica?

Es una pregunta abstracta. Mel ha dicho consecuentemente que él se sostiene en la lucha pacifica. Lo mismo ha dicho Evo Morales en Bolivia. Pero lo que si se puede decir es que las profundas transformaciones de sociedades muy injustas, clasistas y muchas veces también racistas, son violentas, no siempre en el sentido de que el pueblo se levante en armas pero que, si el pueblo boliviano se levantó y tumbó dos presidentes que habían sacado los tanques y el ejército a las calles para aplastar la justa insurrección, matando en los días duros en el mes de octubre de 2003 a más de 70 seres humanos, hiriendo a centenares.

Los mineros bolivianos no anduvieron desarmados en sus largas marchas de Potosí a La Paz porque tenían su dinamita. Era su arma porque sabian de una sangrienta experiencia que la oligarquía boliviana siempre dirigía los fusiles hacia los más combativos sectores de la clase obrera. Lo mismo con los campesinos que, en su forma de lucha “pacifica”, colocaron piedras en las carreteras para así, de forma pacifica, protestar y paralizar para tumbar gobiernos y presidentes corruptos.

Es decir, cada pueblo es soberano en su decisión de ¿cómo luchar contra su enemigo? No hay nadie que pueda poner una forma contra la otra, porque un pueblo en unas circunstancias únicas lucha sin o con las armas.

¿Cómo luchará el pueblo hondureño? En el camino sabrá responder esa pregunta con sus propias experiencias y, sobre todo, por la actuación de su enemigo.

- Fuente: Argenpress.